CAPÍTULO 69. NAVIDAD.

 

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Me miré al espejo y suspiré. No sé cómo me había convencido Brian para hacer esto. ¿No era suficiente con el hecho de que habíamos tenido que pasar una supuesta cena de año nuevo feliz? Al parecer no. No había bastado con invitar a mi madre a la cena. Sabían que aún tenía ciertas inquietudes con ella, pero aun así la habían invitado y no había podido estar muy feliz.

Por lo menos había empezado un año nuevo. Siempre se decía que año nuevo, vida nuevo pero al parecer tampoco.

Dios… La única festividad en la que había disfrutado fue en el cumpleaños de Brian. El treinta y uno fue con suegros y mi madre y ahora resultaba que el principio del año, el día seis de Enero iba a tener que comer con mi hermano y su familia.

La verdad mis ganas eran nulas. ¿Y si estaba su madre? Bien me había dejado claro la última y casi única ve que lo vi que su madre no me tenía mucho cariño por todo lo que había pasado. Era obvio pero yo no tenía que ver nada en absoluto y sólo haría sentirme incómodo.

-Alaaaaan- Se escuchó la voz de Brian al otro lado de la puerta, su tono sonaba insistente y no era para menos. Ya llevábamos como media hora de retraso debido a mi culpa pero mi cuerpo no era tonto. Sabía que no quería ir y se había movido lentamente para que eso sucediese.

Suspiré resignado y me miré por última vez en el espejo. Acomodé el cuello de la camisa blanca que sobresalía por mi jersey de color burdeos claro y carraspeé antes de dirigirme fuera de la habitación.

-Vamos remolón.- Brian no tardó ni dos segundos en hablarme en cuanto salí al pasillo. Él ya me estaba esperando con la puerta abierta y totalmente impoluto. Usaba vaqueros. Dios… Me encantaba cuando usaba vaqueros. Se veía muy guapo, vamos, como siempre. Sus vaqueros, su camisa negra medio abierta y sus zapatos y su cinturón caros a simple vista.

Pocas veces usaba yo ropa así. Uno porque no tenía dinero para comprarla o más bien pretendía invertir mi dinero y mi herencia en otras cosas que no fuesen ropa y dos porque aún me veía un tanto idiota si usaba ese tipo de ropa. Tal vez… Demasiado joven.

A Brian le molestaba que no me pusiese nada de lo que me regalaba, estaba seguro de ello, pero tampoco se había quejado al respecto.

-¿Por qué tardabas tanto?- Preguntó comiéndome con los ojos en cuanto pasé por su lado. Me encogí de hombros y salimos de la casa dirigiéndonos hacia el coche.

-Brian… ¿Puedo pedirte un favor?- ME atreví a preguntar.

-Siempre, lo que quieras.- Dijo sonriendo dulcemente.

-Si me encuentro incómodo por…

-Nos iremos.- Me interrumpió. –No te preocupes por nada Alan. Sé lo que te incomoda toda ésta situación. No trato de fastidiarte haciendo que te enfrentes a ella solo… Sólo no quiero que huyas y hagas como que no exista.- Rodé los ojos. Brian el salvador…

-Sería más fácil si simplemente no existiera.- Respondí una vez dentro del coche mientras Brian comenzaba a avanzar hacia nuestro destino.

-Ya, pero existe.

-No quiero que te metas en una coraza como me pasó a mí. Quiero que muestres como eres y que seas capaz de querer…

-Yo te amo.

-Más allá de mí.

-Brian eso no tiene sentido. Yo te amo, amaba a mis abuelos, quiero a Erick, a Marcos… No es como si fuera un insensible.

-Sí, pero hay una parte de ti que ocultas y no dejas que sea libre para amar y que te amen.

-Y cómo cenar con esta gente puede ayudarme.

-Entendiendo. Tú no tuviste la culpa, igual que no la tuvo tu madre ni la tuvieron ellos. El único aquí culpable es tu padre.- Eso si era cierto, pero todo lo que involucraba a ese señor me ponía de los nervios. Y por dios… Iba a conocer la familia por lo cual él decidió odiarnos a mi madre y a mí.

-De igual manera… Si me siento muy incómodo nos vamos. ¿Sí?

-Si es así fingiré no sentirme bien para que no te veas envuelto.

-Gracias Bri… Te amo.

-Y yo a ti pequeño, más que a nada.-Suspiré y apoyé mi cabeza contra el cristal de la ventana mirando a la nada bobamente.

Después de poco tiempo en el que solo se vislumbraron los árboles llegamos a un camino gravoso lleno de chalets.

Brian conducía muy seguro, como si supiese exactamente dónde estaba la casa cuando en ese terreno no había más que giros, chalets y calles sin ningún tipo de señalización. ¿Cómo diantres sabía a dónde íbamos?

Al cabo de unas calles más Brian paró en un gran portón verde y pitó para hacerse notar en el interior.

-Menos mal que me indicó cómo llegar hasta aquí, estaba bien complicado.- habló alejando mis preguntas de hacía un instante.

-Menos mal que te quedaste con la copla, yo ni recordaba que dijo cómo llegar a su casa. Brian rió justo al tiempo que la puerta era abierta.

Volvía  temblar y agarré mis manos. Mi hermano o más bien hermanastro terminó de abrir la puerta para nosotros y Brian volvió a acelerar para poder aparcar dentro de recinto.

En cuanto cruzamos ese umbral miré hacia todos los lados analizando el terreno.

Era una típica casa de campo. Con mucho espacio poco cuidado a su alrededor. A la izquierda, se colocaba una piscina ahora tapada por el frío del invierno. A la derecha, el chalet de una sola planta.

Al fondo a la izquierda, una pequeña área de barbacoa cubierta por un pequeño techado y en el medio del chalet y el área, había lo que parecía un garaje, aunque todos los coches estaban aparcados fuera.

Brian se estacionó justo detrás de una camioneta de color verde obscura y paró el motor justo después sacando su llave.

-¿Listo?- Preguntó dándome una última mirada.

-Vamos.- Respondí bajando del coche a la vez que él. Ni que fuese tan difícil, sólo iba a comer con alguien. Podía tomármelo como un nuevo conocido o familia de Brian que acababa de conocer. No tenía por qué ser incómodo.

-¡Alan!- Anthony me llamó, tenía una sonrisa grabada en su cara. Lo acompañaba una chica de su edad. Debía de ser su esposa. Era linda, morena y de mediana estatura. Debía de llegarme hasta el hombro seguramente. –Ésta es Rocío, mi esposa– Ella saludó alegremente.

-Un placer- Dijo con dulce voz.

–Me alegra mucho que hayáis aceptado la invitación- añadió regalándome un pequeño abrazo. –Ven- Empezó a guiarnos. –Te presentaré al resto.- Tragué fuerte, tal vez demasiado fuerte aunque Anthony no pareció sentirse aludido al respecto.

-Gracias por invitarnos- Escuché a Brian decir educadamente.

-Sí, gracias- Añadí para no parecer mal educado.

-No hay de qué, todo el mundo deseaba conocerte.- No sabía si eso era bueno o malo y ni si quiera podía agarrar la mano de Bri en éstos momentos ya que Anthony me agarraba guiándome hacia el interior de la casa.

La calidez se notó al entrar y dejó atrás el frío de la calle.

-¿Éste es Alan?- Una señora de unos noventa años se acercó al paso más acelerado posible hasta mí. Tenía su pelo blanquecino por la edad y sus ojos resaltaban con un inmenso color azulado. –Eres tan guapo. ¿Verdad que es guapo Susana?- Mi corazón volvió a dar un vuelco cuando la tal Susana, que debía de ser la madre de Anthony apareció por el marco de la puerta.

Se parecía bastante a su hijo. Me alegraba bastante que mi medio hermano no hubiese cogido rasgos del señor que era mi padre. Creo que sentiría miedo sólo de tenerlo cerca.

Susana sonrió y acomodó su cabellera castaña detrás de su oreja. Era una señora elegante, de buena familia. Iba vestido con un traje de seda que caía alegremente hasta sus pies, zapatos bonitos y alguna joya. Bastante clase.

-Sí que lo es mamá. Muy guapo. Hola Alan-Se acercó hasta mí y me regaló un abrazo. Lejos de sentir temor o ansiedad, su toque fue bastante cálido.

-¿Quién es papá?- Desvié la cabeza hacia la vocecita que acababa de hablar. Una niña morena de pelo rizado se aferraba a la pierna de Anthony. No debía de tener más de cinco años.

-Es tu tío Alan.- Dios… ahora resulta que era tío. Así, de la noche a la mañana.

-¿Es mi tío?- Preguntó la pequeña curiosa juzgándome con la mirada. -¿Cómo el tío Miguel o la tía Mara?- Anthony asintió a la niña. -¿Por qué no lo conocía?- Siguió intentando delatarme.

-Vive en otra ciudad, te vio de pequeñita pero ya no te acordarás- Mintió.

-¡Hola!- chilló por fin volviendo a una actitud propia de su edad. –Soy Clara- Sonrió.

-Hola preciosa, estaba deseando verte de nuevo.- Mentí también. –Ven, dame un abrazo- Me agaché y abrí mis brazos para poder rodearla. Ella miró primero a su padre buscando una aprobación, cuando la obtuvo emitió que la envolviese entre mis brazos.

-Será mejor que vayamos a comer, tengo bastante hambre y el bebé no tardará en despertarse.- Entonces tenía dos sobrinos, y al juzgar por el tratamiento masculino que le daba, el bebé era un niño.

 

Pasamos una velada tranquila, absolutamente nadie mencionó el pasado más allá del hecho de que se sentían muy tristes por no haberme conocido antes. De ser así, todos admiten y aseguran que hubiesen cuidado de mí.

Los sentí como una familia, una postiza pero real, igual más real de lo que jamás tuve. La verdad las cosas habían mejorado estrepitosamente desde que había conocido a Brian.

Hace escasos dos años, jamás hubiese imaginado que tendría casa propia, iría a la universidad, tendría novio nuevo, dos sobrinos, dos familias maravillosas a las que querer, tantos amigos y  un espacio seguro.

Para mí, el mirar al futuro era simplemente esforzarme para conseguir una beca y desaparecer un día yéndome a otra universidad sin mirar atrás. Cumplir dieciocho años, agarrar el dinero que me dejó mi abuela y que nadie volviese a saber de mí en la ciudad. A excepción de Marcos y Erick, por supuesto.

Después de la comida, todos nos quedamos charlando otro rato. Clara acabó dormida entre mis brazos y la miré con ternura infinita. Era agradable el tener una familia. Igual en unos años, después de acabar la universidad Brian y yo podíamos adoptar a un pequeño niño o una niña y formar nuestra propia familia.

Brian y yo nos despedimos de todos entrando la tarde, no queríamos volver a casa después de que anocheciese. Prometimos el volver a juntarnos otro día. No lo vi mala idea, ahora que los conocía no quería darles de lado. Además, tenía dos pequeños sobrinos a los que ver crecer y sonreír. Y eso sí que no quería perdérmelo.

-Te he visto bastante a gusto- Afirmó Brian en cuanto salimos por la puerta, ya montados en el coche.

-La verdad no esperaba sentirme tan bien. Sigo sin entender qué pinto yo en esa familia, es decir, ellos al final odiaban a mi padre por haberse ido con mi madre y ahora me aceptan así de fácil… Es…

-humano. Normal- Brian contestó por mí, aunque no eran esas las palabras que buscaba. Me encogí de hombros.

-Raro.- Respondí finalmente.

-No lo creo, saben que lo has pasado mal y que no es tu culpa, sólo no quieren darte de lado a ti porque como ya dije, no tienes nada que ver y quieras o no sois familia indirectamente o no.

-Lo sé Brian- Sonreí y le miré, aunque él seguía enfocado en la carretera. –Ten por seguro que lo sé, me siento feliz- Soltó su mano derecha del volante y la posó sobre mi rodilla.

La agarré con mis dos manos sujetándola con fuerza. Brian era mi pilar, quien me mantenía ante todo centrado y de pie. Tal vez por eso lo amaba. Porque pasase lo que pasase, siempre estaba ahí.

 


Capítulo especial de subida por el millón de lectores!!! Gracias por el apoyo a todos!!

Sé que hay capítulo más interesantes que otros, pero no siempre puede pasar algo. De todas formas, para mí cada capítulo es una explicación del porqué Alan es como es y cómo afronta la vida y las cosas cotidianas o las no tanto día a día. 

Un fuerte abrazo!!!

 

LOVe LOVE

 

YUMIYU.

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5 thoughts on “CAPÍTULO 69. NAVIDAD.

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