CAPITULO 20. IDIOTA

2015-03-10 15.10.34

Me desperté con tremendas ganas de vomitar. No era la primera vez que bebía pero definitivamente era la vez que peor me había sentado.

Miré a todas partes reconociendo que estaba en mi cuarto, al menos había llegado hasta allí sano y salvo aunque eso era evidente con la de gorilas que me habían perseguido la noche anterior. Desvié mis ojos hacia el reloj de la mesilla de noche. Las cinco de la tarde. Dios… Sí que había dormido.

Busqué inconscientemente a Luka. Una parte de mí había pensado que comportándome como un idiota aparecería en menos que canta un gallo. Pero obviamente me había equivocado. No sé qué clase de castigo andaba aplicando conmigo pero no me gustaba.

Suspiré. No, definitivamente a Luka le había dado igual lo que hubiese hecho la noche anterior. O bien no lo sabía cosa que dudaba mucho o bien, existía la posibilidad de que se estuviese aguantando.

Fuera cual fuera el motivo, sólo hacía que me enfadase a cada segundo más y más.

Entré en el baño y me obligué a mí mismo a vomitar todo el alcohol que quedase en mi cuerpo. Siempre decían que era la mejor solución para curarte más rápido de las náuseas de una borrachera.

Me lavé los dietes y salía  por un vaso de agua e igual María tenía alguna pastilla para mí.

JD estaba en el salón, echo un ovillo a un lado del sofá mientras la tele emitía alguna caricatura japonesa.

-Hola bebé.- Lo llamé acercándome a su lado. Él se encogió más sobre su cuerpo y supe que estaba enfadado conmigo por algún motivo. -¿Qué te pasa mía mor?

-Ayer no “vinite” a leerme un cuento y darme las buenas noches.- Me recriminó.

-Sí que fui bebé.- Genial, ahora le mentía a mi hijo. –Solo que estabas dormido.

-Mentiroso.

-¿Papi ha mentido alguna vez? Papi no miente.

-Sí que miente. Papi  dijo que papá llamaría todos los días y ya no ha llamado. Papi dijo que papá me quería y no es “cieto” papá no me quiere ya más.- Lágrimas acudieron a mi ojos y no puede hacer más que abrazarle con fuerza.

-No pienses eso amor. Papá te quiere mucho sólo no ha podido llamar.

-¿Por qué? No entiendo… -Ni yo lo hacía. Una cosa era hacérmelo a mí, pero ¿A él? Por qué diantres no hablaba con su hijo…

-Papá está malito y no puede venir porque nos contagiaría y no puede llamar porque está muy cansado.- No sé si era buena idea esa mentira.

-¿Papá está “enfemo”?- Preguntó mirándome con sus enormes ojos verdes bien abiertos.

-Sí mi amor.- Asentí mientras acariciaba su cabeza. –Pero en cuanto esté bueno te prometo que vendrá a verte.

-Papi está triste porque papá no está. No soy tonto soy un niño “gande” ya. Estás triste.

-Yo no estoy triste, no podría estarlo ¿Sabes por qué?

-“Po qué”

-Porque te tengo a ti. Mientras estés conmigo jamás podré estar triste. Y ahora va a nacer tu hermanito o hermanita y con vosotros dos jamás estaré triste.

-¿Mi hermanita está en la tripa de María?

-¿Por qué dices hermanita? ¿Quieres que sea una niña?-Negó.

-María dice que es una niña pero es un secreto.- Empecé a llorar Inconscientemente. No habíamos querido saber el sexo del bebé pero obviamente ella lo sabía. Dios… Una niña. Iba a ser padre de una niña.

-¿Po qué lloras?- Limpié mis lágrimas.

-Porque estoy muy feliz. Tu hermanita va a ser preciosa y la vamos a amar mucho. ¿Me ayudarás con ella?- Él asintió.

-Voy a ser un buen hermano mayor. María siempre dice que voy a ser el mejor hermano mayor del mundo.

-Lo serás… Seguro lo serás mi amor.- Le abracé y respiré su aroma. ¿Cómo podía estar triste por un gilipollas cuando tenía en el mundo y a mi lado a las dos cosas más importantes de mi vida? Bueno, una de ellas no presente aún pero aquí estaba, resguardada en el vientre de su madre. ¿Cómo era capaz María de hacer algo así? Entendía que era por decirlo de alguna manera su forma de vida. Pero…Llevar nueve meses a una criatura en el vientre y no sentir el amor de una madre hacia ella… ¿Cómo podía estar junto a JD? Al fin y al cabo era su madre. Algo debía sentir al mirarlo.

Suspiré y me levanté dejando a James de nuevo centrado en el anime de la tele. LE escuché reír y sonreí. ¿Habría entendido lo que decían? Estaba en japonés pero parecía que lo entendía todo.

Fui a la cocina y me serví mi ansiado vaso de agua. Agarré una pastilla del cajón y me la tragué recordando mi malestar y dolor de cabeza.

-¿Mala noche?- Sugirió María con una pregunta llegando a mi lado y agarrando ella otro vaso de agua.

-Pensé que si me iba de fiesta Luka estaría plantado aquí en la mañana.- Confesé.

-mmmm- María rozó mi espalda. –La verdad no me parece descabellada tu idea. Yo pensé lo mismo cuando me dijiste que ibas a salir. Calculé el desfase horario y el avión y debía de haber llegado como hace una hora a la casa.- Reí, muy precisa ella.

-Pues no ha funcionado.- Se encogió de hombros.

-Hazlo de nuevo.- Entre cerré los ojos mirándola.

-No sé si…

-No creo que te venga mal disfrutar un poco la vida. Sal y conoce a gente igual puedes ponerlo celoso con otro hombre, ya si eso no funciona es que está muerto.- Lo dijo de broma, lo sabía pero su comentario estrujó mi corazón porque podía ser algo cierto. Tal vez había muerto y todos me lo estaban ocultando porque no sabían cómo decírmelo. –¡Eh!- María golpeó mi hombro con su mano. –Cambia esa cara obvio no está muerto. Sal y diviértete, yo me quedo con JD y lo entretengo.

-¿De verdad?- Me vendría bien pasear y conocer l ciudad un poco. Centrarme en mis pensamientos y demonios.

-Claro, solo que mañana me voy a una convención en Odaiba, así que te dejaré solo.

-¿Con quién vas? ¿De qué es la convención?- Quise saber.

-Es de anime, voy con unos amigos.

-¿Ya tienes amigos?- Joder, yo debía ser la persona más gris y solitaria del planeta.- María se rió.

-Era mi sueño venir aquí. Desde que llegamos me apunté a meeting, plataformas y estoy en foros. Hemos quedado unos cuantos extranjeros amantes del anime. ¿Quieres venir?- Me lo pensé por un segundo.

-No, seguramente sería un lastre. Mejor ve y diviértete. Me apunto para la próxima reunión.

-Claro.- María fue a darse la vuelta y la detuve delicadamente.

-Espera.

-Dime.

-¿Así que es niña?- ME miró y sonrió. Le devolví la sonrisa y suspiré. –Una niña…

-Se suponía que era sorpresa.

-Y lo ha sido. Estoy muy feliz.- Ella asintió y se alejó de mí volviendo a meterse en su cuarto.

Despejé mi cabeza de mis ensoñaciones cuando me di cuenta de que estaba solo en la cocina y me dirigí a mi cuarto para cambiarme. Saldría a pasear tal y como había sugerido María y volvería en la noche antes de que Jaime se fuese a dormir.

Me vestí rápidamente y le di un beso a Jd el cual estaba tan entretenido que ni se inmutó de que me iba. Mejor así, no quería que pensase que lo abandonaba de nuevo.

Salí del edificio y me fui al lado contrario que la última vez. Empecé a caminar lentamente mirando a ambos lados, curioso de cómo era la ciudad.

Al poco tiempo llegué a una parada de metro.

-Nogizaka.- Pensé en entrar y perderme por la ciudad, así conocería una zona distinta. Pero tampoco sabía muy bien hacia dónde dirigirme. Agarré mi teléfono móvil y me metí en internet.

Busqué qué ver en tokyo y entré en el mapa localizando la parada en la que estaba. A sólo dos paradas tenía una zona famosa. Omotesando y meijijingumae. Me encogí de hombros y entré decidido a ir para allá.

Al bajar pregunté señalando a dónde quería ir, un guarda que obviamente no hablaba para nada mi idioma me ayudó a comprar un ticket y me llevó personalmente a la vía.

-Kochira desu.- Repitió un par de veces señalando la vía. Después hizo una reverencia con una sonrisa y se alejó.

-Arigatou.- Pude decir mientras se alejaba. Definitivamente si iba a estar tiempo aquí debía aprender japonés. Aunque nunca había sido muy bueno estudiando pero podría ser un reto para mí mismo.

Llegué a la parada que indicaba el mapa y salí por la primera salida que encontré. Había mucha gente que caminaba perfectamente colocada en su carril hacia un lado y hacia otro. Miles y miles de personas hablando y andando por la calle.

Intenté seguir el flujo de gente y comencé a andar. La calle era enorme y muy bien iluminada. Llena de tiendas del tamaño de edificios de marcas famosas.

Channel, Mac, Lacoste, Louis Vuitton, Hermès, Gucci… No creo que faltase ninguna. Leí la descripción en internet de la calle. Omotesando, es un exclusivo barrio comercial. Ok, con eso me bastaba. Obviamente era la calle de las tiendas caras.

Caminé hasta lo que supuse que era el final de la calle ya que encontré otra parada de metro, crucé y volví por donde había venido dando un paseo. No quería perderme tampoco.

Después de un buen rato paseando encontré un bar conocido. Hub, debía ser una cadena. Entré para tomar algo y de reojo vi cómo los gorilas que me seguían se preparaban para ponerse en sus puestos de control.

Este bar estaba más vacío, o tal vez era muy temprano. Pedí una cerveza y esperé a que me pidiesen el dinero para pagarla. Esta vez sí tuve que hacerlo. ¿En qué zonas de tokyo me reconocían? Tal vez solo habían dado el aviso en roppongi.

Me senté en una mesa solo y cogí mi móvil de nuevo. Empecé a trastear sin saber qué hacer y acabé viendo fotos de Luka y de JD. Dios… Tenía la necesidad de saber de él.

Pasé un buen rato entre penumbras, mi cerveza y mis demonios hasta que el líquido amargo se acabó. Suspiré y salí de ahí, había tenido suficiente con la resaca de ayer, no quería acabar borracho de nuevo.

El frío de la noche golpeó mi cara y miré mi reloj. Tan sólo eran las siete y media pero ya era completamente de noche.

Activé el gps de mi teléfono y puse la ubicación de la estación de Nogizaka la cual estaba al lado de casa. Sólo eran dos kilómetros y poco por lo que prefería hacerlos andando. Así también hacía algo de deporte. No pasaría nada porque de igual manera iría acompañado por unos diez hombres invisibles que me acechaban en cada esquina.

Me puse en camino pensando dejando volar mi mente. Esta ciudad era maravillosa, debía juntarme más con María. Hacer amigos y conocerla. Aunque en realidad saliendo eso estaba haciendo. Tal vez mañana podría llevar a JD a algún lugar. Había muchos sitios aptos para niños y seguro le apetecía pasar tiempo conmigo.

No había sido justo con él, con mi amargura de que Luka nos abandonase y mi enfado no había sido capaz de darle la atención que se merecía. Era muy pequeño y aún no entendía muchas cosas.

Después de un rato andando llegué a un punto en el que el mapa me pedía dar un rodeo, era una especia de parque, obviamente sería más corto atravesarlo. Me encogí de hombros y me desvié haciendo que el gps recalculase su ruta.

Entré en el supuesto parque comprobando que era un cementerio y mi piel se encrespó. Era tranquilo, bastante agradable.

No parecía un cementerio como los de mi casa, como en el que estaba enterrada mi madre. Mi corazón se encogió con ese recuerdo y paré de golpe apretando mi puño. Aún me sentía culpable al respecto y evitaba pensar en ella para evitar sentirme así.

Suspiré y comencé a caminar. Todo estaba muy tranquilo y cada tumba era una obra de arte creada por la gente que había amado a esa persona. No tenía miedo, al fin y al cabo tokyo es de las ciudades más seguras del mundo.

<Croack>

Escuché una rana justo a mis pies y salté. ME reí de mí mismo y me acerqué a ella observándola. Creo que nunca había visto una rana en un lugar así. Bueno, ni en la calle. Solamente en los lagos y los ríos y aun así costaba encontrarlas.

-Hola ranita- Le hablé como si fuese a contestarme. -¿Te gusta vivir aquí?

Escuché un ruido y volví a asustarme echándome hacia atrás y olvidándome de la rana. Miré hacia todos los lados esperando encontrarme algo, tan sólo la sombra y la brisa del viento me acompañó.

Después recordé a la horda de gente que tendría que estar vigilándome desde todas partes y rodé mis ojos volviendo a buscar a la rana. ¿Podría llevármela a casa? ¿Le gustaría a JD? No me importaría tener una rana, seguro daban menos problemas que un gato o un perro. Aunque siempre había querido una mascota y ahora que Luka pasaba de mí podía comprarme una y él no tendría voz ni voto.

-Cristian.- Escuché la voz de Luka y mi corazón comenzó a latir estrepitosamente. ME di la vuelta emocionado pero a la vez asustado y suspiré al darme cuenta que mi imaginación me había pasado una mala jugada. Luka no estaba ahí, tan solo era uno de sus secuaces.

-¿Qué?- Pregunto desganado.

-Será mejor que vayamos a casa.- ME encogí de hombros y asentí. Pegándome al hombre cuando comenzamos a andar hacia la salida.

En cuanto estábamos en la puerta, apareció un coche. No era necesario ni andar. ME resigné y subí. Al menos había sido un buen día y llegaría a tiempo para el cuento que le había prometido a JD.

Llegamos a casa enseguida, tan sólo quedaba un escaso kilómetro que recorrer. Le leí el cuento a JD y me tumbé con él en la cama a ver si conseguía conciliar el sueño. Estaba triste, la tristeza iba y venía de una forma bipolar. Al final, acabaría enfermándome de locuras, llantos, alegrías y quién sabe qué.

 

Pasaron las horas y casi no pude dormir. Tan solo observaba a Jaime y acariciaba su cabecita. Suspiraba, me tumbaba de nuevo y era invadido por malos pensamientos, muertes, tristezas, un mundo sin él…

Al llegar la mañana salí a la cocina para preparar el desayuno.  Sabía que María debía irse y yo aprovecharía para hacer algo con mi hijo.

Agarré mi teléfono e intenté llamar de nuevo a Luka, obteniendo de nuevo la nada. Probé con el resto de chicos y nada. Suspiré de nuevo sintiendo enfado, tristeza, temor, ansiedad…

-Hijo de puta.- Susurré limpiándome las lágrimas que ya salían por mis ojos. El maldito literalmente me había abandonado. Después de verme mal, saber que salía  a beber, que no puedo vivir sin él… Después de todo eso no se dignó a venir ni ha llamado a su hijo en días. Obviamente o se ha muerto o nos ha abandonado con todos los lujos del mundo. Seguramente por eso nos envió aquí. Vigilados de por vida sin poder hacer nada.

-Maldito cabrón…

-No llores princesa.- Escucho su voz de nuevo y siento más rabia. Unos brazos me rodean de repente y siento el aroma tan conocido. Rompo a llorar.

-Te odio maldito imbécil, gilipollas, mamón, baka…- Me muevo entre sus brazos sabiendo que no podré escapar. ¿Cómo fue capaz de hacerme esto? Sin embargo siento paz, paz de que por fin esté aquí…

 


De nuevo repetir que todo lo que escenifico, las calles, el cementerio, los bares. TODO ES REAL. Eran mis caminos del día a día cuando vivía en Tokyo.

La foto es real igual, está hecha desde casa de mi jefe. Él vivía en la torre donde yo estoy poniendo la casa de Cris . Una de las más famosas de tokyo.

 

Espero os haya gustado y podáis dejar un comentarioooo 😀 Por fin el idiota volvió. ¿Qué le habrá pasado? 

 

LOVe LOVE

 

YUMIYU.

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5 thoughts on “CAPITULO 20. IDIOTA

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