CAPITULO 72. FIN DE SEMANA EN LA PLAYA

 

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Abrí las ventanas del hotel y respiré el suave aroma que arrastraba el mar. Abracé el albornoz en el que estaba envuelto y sonreí. Por fin después del largo viaje y la noche horrible me sentía limpio.

Había terminado los exámenes de primer año, había terminado el proyecto y ahora sólo me quedaba disfrutar con Brian antes de volver al estrés de la vida diaria.

Sentí los brazos de mi novio abrazándome por detrás y sonreí. Me estrujó contra su pecho y llevé mi mano hacia su cabello, acariciándolo y enganchando mi mano en su cuello.

-Por fin solos…- Murmuró en mi oído. Reí y suspiré.

-Menos mal… ¿No podemos vivir así para siempre?

-¿Así cómo?.- Quiso saber.

Me separé de su cuerpo, agarré su mano y lo llevé a la terraza sin dirigirle una mirada. Estaba absorto en el azul del mar. No había dormido casi nada pero sólo podía pensar en agarrar mi bañador y disfrutar de la playa.

Era un gustazo eso de que no hiciese frío en esta zona del país en invierno. Bueno, no es como que en nuestra ciudad hacía mucho frío tampoco pero aquí menos. No era como para meterse en el agua, pero sí como para pasear en bañador y mojarse los pies.

-Así.- Respondí a su pregunta. –Abrazados, en una playa sin preocuparnos por nada.- Brian suspiró y se pegó más a mí contemplando el pequeño oleaje del fondo del mar.

-Sí… Podríamos ciertamente si quisiésemos. O podríamos tomarnos un año sabático.- No estaría mal…

-Me encantaría tomar un año sabático… De verdad ojalá pudiese.

-Enserio podemos, sabes no habría problema pero en realidad…- ME miró y le devolví la mirada. –Ninguno de los dos queremos eso.- Arqueé mi ceja. ¿Quién no querría un año sabático?. –No me mires así, tú eres tan o más cabezota que yo. Ambos estamos deseando cumplir nuestros objetivos y un año sabático nos retrasaría un año en cumplirlos.- Volví a sonreír.

-De hecho sí…- Tenía razón, no podría estar un año sin hacer nada. Necesitaba acabar mis estudios y tener un trabajo. Igual entre ese lapso sí me cogía al menos seis meses sabáticos. Podría estudiar arte por mi cuenta o dedicarme a hacer proyectos independientes.

-Oye amor.

-mmm- Respondió con un murmullo para que supiese que estaba escuchando.

-ME gustaría terminar de comprarle la casa a mi madre. Ya tengo la herencia completa de mis abuelos y pues… Ella no tiene nada.

-ME parece muy buena idea, yo te apoyo con la mitad.- Negué.

-No es necesario, hay suficiente para eso.

-¿Qué quieres hacer con el resto?- Preguntó. Pensé un segundo.

-La verdad, me gustaría meterlo a un fondo de interés alto a cinco años o a un fondo de inversión de riesgo con alta rentabilidad. Pero sí me gustaría en cuatro o cinco años tener ese dinero para poder abrir mi propio estudio de marketing.- Brian me abrazó con fuerza, aspirando mi aroma.

-Mi cerebrito…- Dijo con orgullo.

-Habló.- Respondí, más bien él era la descripción de cerebrito.

-Yo no soy un cerebrito.- Respondió. –De hecho me cuesta bastante aprender las cosas. Sólo soy muy trabajador. Tú con leer algo se te queda. Ojalá hubiese tenido ese don.

-No creo que fueras alguien normal cuando a la vez que te sacabas la carrera con honores estabas trabajando en la compañía de tu padre, lugar donde comenzaste antes incluso de acabar tu primera carrera. ¡Oh Dios mío!- Me di cuenta. -¿Cómo es posible que tengas treinta año y ya tengas dos carreras y una maestría?- Sonrió con orgullo.

-Te lo dije, trabajador…

-Cerebrito.

-Cerebrito…- Dijo en un suspiro rodando los ojos. –Anda, ven aquí.- Me atrapó y se movió hacia el interior de la habitación.

-¡Suelta! ¡Suelta!.- Intenté zafarme de su agarre pero era más grande que yo y fácilmente podía siempre controlarme. De igual manera ni si quiera quería soltarme de verdad. Quería caer en la cama entre sus brazos y disfrutar de él y del momento.

Tal como quería, caí sobre la mullida cama y Brian lo hizo encima de mí, con cuidado de no aplastarme.

Lamí mis labios con ansiedad de tan sólo imaginarme cómo Brian iba a tomarme entre sus fornidos brazos.

En un abrazo, mordí su cuello sensualmente sacándole un gemido que lo puso en acción. Cuando hacía eso se volvía más agresivo y eso me gustaba.

Apretó mi cintura sacándome a mí también un gemido de dolor y placer.

Eché mi cabeza hacia atrás dándole acceso.

Mordió mi cuello y me deshizo como por arte de magia de la única prenda que me cubría, haciendo que cayese al suelo.

Empujó su rodilla entre mi entrepierna y subió mi cuerpo para que ambos ocupásemos la cama.

ME enganché en sus hombros y levantó mi cuerpo. Se dio la vuelta y quedé sentado sobre su regazo.

Saqué sus brazos del albornoz para que se desprendiese igual de su cuerpo y lo miré por un segundo, nos acabábamos de duchar, pero el sudor ya empezaba a aparecer en su cuerpo haciéndolo relucir.

Encogí los dedos de mis pies sintiendo cómo mi miembro ya estaba duro. Brian estaba igual. Agarré su pene y comencé a masturbarlo haciendo que su mirada se centrase en mí con su labio mordido por sus dientes.

Acaricié su rodilla acomodándome encima de su cuerpo para darle un mejor acceso, él llevó su mano hacia mi trasero y comenzó a acariciarlo, rozando la entrada con impaciencia.

Cerré los ojos y me dejé llevar por sus caricias. Aunque el sexo muchas veces fuese igual, cada día era diferente y especial si era con él. A veces mejor, a veces peor pero siempre entregando el alma en el momento.

-Te amo.- Dije pegado a su cuerpo aún con los ojos cerrados.

Su corazón se aceleró y provocó que el mío hiciese lo mismo.

-Yo más.- Respondió. Después sus manos subieron lentamente por mi espalda hasta atrapar mi pelo. Guió mi cabeza hasta que nuestros labios se encontraron y nos sumimos en un profundo beso.

Nuestras lenguas se entrelazaron y nuestras bocas se acoplaban perfectamente la una con la otra, tal como lo habían hecho siempre.

Mis latidos seguían aumentando por cada segundo entre sus brazos, mi hombría palpitaba y sólo quería sentirlo dentro.

Brian se separó de mí en busca de oxígeno. Posó su frente contra la mía aún con su mano sobre mi nuca y suspiró de amor.

Después por el rabillo del ojo lo vi sonreír. Acto seguido, nos é cómo ya me había vuelto a dar la vuelta. Quedando atrapado entre su cuerpo y el colchón.

Acarició mi entrada y comenzó a masajearla por dentro, arrancándome gemidos y preparándome para que pudiese entrar.

-Hazlo ya.- Le exigí. Eso le gustaba, aunque siempre que lo hacía me hacía esperar más.

-Sssshhh.- ME cayó acercándose a mi oreja. Después la mordió y volví a gemir. Se separó algo de mí y volvió a su trabajo haciendo que mi cuerpo comenzase a retorcerse.

Mi cuerpo se estremeció cuando Brian empezó a masajearme y acariciarme el pecho. Mordí mi labio reprimiendo un gemido cuando sentí cómo agarraba mis pezones y los apretaba poniéndolos duros.

Intenté llegar hasta él para volver a besarle, Brian mordió la sensible zona y un sonoro gemido escapó de mis labios.

-Mierda.- Exclamé.

Desistí y fui directo a su miembro para masajearlo. Gimió.

-Vamos… Hazlo ya.- Casi supliqué.

Brian sonrió complacido, le gustaba tenerme así al maldito. Desesperado por él.

-Voy… Amor…- Dijo intentando sonar sensual, pero un pequeño gemido se le escapó cuando lo agarré con más fuerza, haciendo que su voz se distorsionase.

Brian volvió a girar y se colocó detrás de mí. Se colocó en mi entrada y se paró.

No pude evitarlo, me eché hacia atrás encontrándome con su cuerpo y su pene entró dentro de mí haciéndome gemir.

-Bruto.- ME recriminó, pero él también deseaba esto y no podía negarlo. ¡Hacía siglos que no lo hacíamos!

-También te amo.- Le respondí.

Escuché su risa y comenzó a moverse. Cuando mi cuerpo se acostumbró a él, se pegó más a mí y me abrazó.

Sentí su corazón en mi espalda. Su mano acariciaba mi pecho.

Brian comenzó a aumentar la velocidad de sus movimientos conforme nuestras voces se entrecortaban entre el placer.

Agarró mi muñeca fijando mi cuerpo contra la cama para controlar sus movimientos.

-Oh Dios…-Gruñó Brian con pasión.

Me quedé sin aliento.

-Córrete conmigo.- Chillé más alto de lo que hubiese deseando, no controlaba mi tono si estaba a punto de correrme.

No sé si Brian quiso responder. Pero apretó con más fuerzas sus piernas y gruñó mientras su orgasmo comenzaba.

Mis ojos rodaron hacia arriba de placer, como si fuese a volar a una inconsciencia. Todo se volvió borroso y dejé de razonar en dónde estaba.

Chillé mientras sentía el hormigueo que recorrió desde mis pies hasta mi cabeza y de nuevo hacia abajo hasta terminar sobre mi pene que comenzó a eyacular mientras sentía que perdía la consciencia.

Brian Cayó sobre mí cuando su cuerpo dejó de temblar.

Respiré por unos segundos y abrí los ojos.

-¿Hace cuánto no lo hacíamos?- ME preguntó abrazándome.

-¡Puff!.- Respondí. Nos acomodamos en la cama y nos quedamos abrazados.

-Va a haber que ducharse de nuevo.

-Lo sé… Y después bajemos a desayunar y a pasear por la playa.

-ME parece buena idea.-Suspiró y apoyó su mentó sobre mi cabeza. –Te echaba de menos.

-Y yo a ti.- Me acurruqué entre sus brazos. –Quiero estar así por siempre, quiero toda una vida contigo y que tengamos hijos y que crezcamos juntos.- Escuché su corazón bombear fuerte con la declaración.

-Y yo… No me imagino con otra persona.

-Ojalá y pasasen estos años de golpe, ya quiero tener treinta y tener una vida contigo.- ME separó de su agarre y me miró serio.

-¿Qué estás diciendo? Tenemos una vida juntos.

-Lo sé… Es decir. No sé. En parte me gustaría tener más edad para que no nos juzguen.

-¿Qué te pasa por esa cabecita tuya?

-Nada.-Respondí rápido.

-Enserio Alan, nos conocemos. ¿Qué te preocupa?.- Suspiré.

-¿No viste cómo nos miró la de recepción?- Se rió.

-Sí, ¿Y qué?

-Te juzgaron. A ver… Yo sé que tú pareces más joven y yo parezco más mayor pero cuando vio nuestras identificaciones te miró de mala manera.- Brian se encogió de hombros.

-Me da igual. No nos conoce puede pensar lo que le dé la gana.

-Ahora  12 años se ve mucho, cuando tienes treinta y la otra persona entrando en los cuarenta es normal. Incluso veinticinco y treinta y siete.

-¿Po qué te preocupa eso ahora?- Ahora yo me encogí de hombros.

-Sólo me rondó en la cabeza. Pensé en lo bonito que sería un bebé y luego en que por lo menos faltan diez años de mi vida para que podamos empezar a pensar en adoptar.

-No tengo prisa. Aprende a disfrutar del momento, del camino. Lo que vivas ahora no lo volverás a vivir. Y ahora somos tú y yo, pero cuando seamos tres ya nada será igual y echarás muchas veces en falta estos momentos.- Suspiré de nuevo.

-Lo sé, yo disfruto del momento. Mientras sea contigo, todo está perfecto. No me lo habría imaginado hace año y medio.

-Te amo Alan. No lo dudes.

-Y yo a ti Bri. Mucho.- Sentí sus labios contra los míos y volví a relajarme, en realidad crecíamos día a día como pareja. Disfrutábamos de nuestras pequeñas charlas, nuestros pequeños momentos y solucionábamos nuestras pequeñas indiferencias. Con él tenía algo que jamás tuve con nadie, una relación madura y con futuro de verdad.


Y hasta aquí el capítulo. Lo sé, lo sé me tardo mucho :S perdón ejejejje quiero empezar a hacer unos pequeños saltos de tiempo para avanzar en la historia, no se preocupen quedará claro el tiempo pasado xD 

Como siempre espero los comentariosss

LOVE LOVE

YUMIYU.

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