CAPÍTULO 2. ACOSTUMBRÁNDOME.

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-La cena está lista.- Escuché a mi tía decir desde la cocina. Me levanté de la cama notando crujir todos mis huesos y tensarse mis músculos. Estaba terriblemente hecho polvo. Los entrenamientos acababan hasta con mi alma.

Me ocupaban la mayor parte del día y cuando terminaba, sólo quería morir en una cama hasta el día siguiente.

Ya llevábamos tres meses protegido dentro de las murallas de Atenea aún no había hecho anda para ayudar a la humanidad.

Daba igual que hubiese sobrevivido hasta llegar aquí. Ahora había normas y una de ellas era finalizar mi entrenamiento para poder salir a investigar.

Dave lo llevaba peor aún. Estaba enfadado con el mundo y al final la acababa tomando conmigo.

No paraba de repetir una y otra vez que no fuese solo, que no quería que saliese y que tenga constante en todo momento que él no estaba de acuerdo. Había intentado que lo pusiesen en el mismo entrenamiento que yo y tampoco había funcionado.

Él tendría que entrenar por lo menos durante un año si quería que lo dejasen salir con el escuadrón de búsqueda. En cambio yo estaría supuestamente preparado para incorporarme en un par de semanas.

Si es cierto se necesitaba entrenamiento, pero por lo menos si a mí me mordían sólo tenían que rescatarme y curarme.

Echaba de menos a Dave… En estos tres veces habíamos pasado escasas horas juntos. Entre los entrenamientos a diferentes sesiones y horarios, que mi tía no estaba muy de acuerdo con la situación y que su padre andaba en otras cosas… Al final casi no lo veía.

Suspiré y llegué hasta la cocina. Dios… Hace tres meses juré que no iba a poder probar una comida caliente nunca más en la vida y aquí estábamos. Aunque también hace un año jamás imaginé que la humanidad se iría a la mierda de esa forma.

-¿Qué tal el entrenamiento?- Preguntó mi tía Margaret.

-Cansado.- Dije encogiéndome a su vez de hombros. Ella sonrió pesadamente.

-Pronto estarás listo para salir y ayudar a la humanidad.- Sonaba como una gran responsabilidad. Como si todo dependiese de nosotros.

-Deseando estoy.- Le respondí con una sonrisa sincera. También sabía que era lo que quería escuchar.

-¡Primo!- Lidia apareció detrás de mí y frotó mi cabello con sus nudillos para picarme.

-¡Oye!- Me quejé.

-¡Cod a cenar!- Escuché gritar a mi tía y llevé la mano a mi oído lastimado, estaba demasiado cerca de mí para ese grito.

-¿Qué tal el entrenamiento?- Preguntó Lidia sentándose a mi lado.

-Como siempre, casado. ¿Las clases?

-Genial.- Dijo orgullosa. –Este es mi último año. Nunca imaginé acabar mi carrera aquí pero estoy muy feliz. Qué mejor sitio para ejercer de doctora que este. Por fin voy a poder hacer algo productivo por Atenea. – Ambas llevaron su puño a su pecho y rodé los ojos. Odiaba esa gilipollez que se había inventado aquí de Atenea nuestro fiel salvador. Veneraban a la ciudad y el estado como si de un Dios se tratasen.

-Hola.- Mi hermano entró en la sala y se sentó directamente en una de las sillas libres. –Wooo, lasaña. Dios Matt, ¡mira! ¡Lasaña!- Sonreí, al menos Cod ya se había vuelto un chico más acorde a su edad. Estaba en el colegio y se dedicaba a lo que tenía que dedicarse. Aprender, crecer y divertirse con los otros niños.

Mi tía sirvió pedazos de la lasaña, se veía muy rica. Tanto, que empecé a salivar como el perro de Paulov.

-¿Lo hiciste todo tú?- LE pregunté. Ella asintió.

-Sólo necesité cosas básicas que si se pueden conseguir. Tomates, carne, harina, huevo y leche. Poco más.

-Gracias por la cena.- Agarré mi tenedor y comencé a comer.

-Oye.- Escuché a Cod hablar. -¿Y el tío?- Preguntó por Tom.

-Ya sabes Cod… Hay mucho que hacer ahí fuera, hoy no lo esperaremos. Él asintió y empezó a devorar después su trozo de lasaña.

Acabé de cenar, recogí mi plato y me despedí dirigiéndome al cuarto. Quería dormir o por lo menos dejarme morir a mi suerte en la cama. No podía imaginar que mañana tendría que volver a madrugar para otro entrenamiento mortal.

Entré en mi cuarto y cerré la puerta tras de mí.

ME tiré en la cama y me llevé mis manos a la cara suspirando. Tan sólo eran las nueve de la noche. En mi otra vida me hubiese quedado viendo la tele a escondidas hasta la una. ME hubiese levantado a las ocho menos cinco, teniendo que correr para llegar a clase. Donde me hubiese encontrado con Luis… ¿Cómo estaría? ¿Habría muerto? ¿Habría llegado a algún sitio? Si yo había podido sobrevivir a esto, él seguro lo había hecho también.

Aunque mi supervivencia había sido posible en gran parte gracias a Dave.

-Matt.- Como si lo hubiese invocado escuché su voz. -¿Estás ahí?- Olvidé el dolor de mis músculos y me levanté corriendo para agarrar el walkie-talkie con el cual me comunicaba con Dave.

-Hola.- Dije sonriendo, aunque él no me viese.

-Hola…- Se le notaba algo deprimido.

-¿Estás bien?- Pregunté rápidamente. Tardó demasiado en contestar. ¿Amor?- Escuché el sonido de la activación de su conversación y después su suspiro.

-Te echo de menos.- volví a sonreír, esta vez con nostalgia.

-Y yo a ti.

-¿No puedo ir a verte?

-Sabes que a mi tía no le gusta mucho la idea de que esté con un chico…- Suspiré. –Ni que fuera mi madre…

-Tu madre si me aceptaría.- Pensar en mi madre me deprimió más.

-Lo sé… Ojalá ella estuviese aquí.

-Lo sé… Ojalá… Nunca pierdas la esperanza.- En ese sentido ya la había perdido, por lo menos aún tenía alguna esperanza de que mi padre estuviese vivo.

-¿Nos veremos mañana?- Pregunté cambiando de tema.

-Tengo la tarde libre. ¿Tú?

-Si no la tengo me escapo, te lo juro pero ya quiero verte y además… No puedo más con ese entrenamiento, creo mi cabeza va a estallar y mis músculos se han roto ya o algo.

-Pobre…- Se compadeció de mí. –Ojalá pudiese estar ahí contigo.

-Cuando empiece a ayudar saliendo de Atenea intentaré pedir una casa par a mí. Es decir… Es como si estuviese trabajando… Deberían de dármela ¿No? No pretenderán que siempre esté con mis tíos.

-Ya tienes dieciocho años. Y si estás trabajando se supone que puedes optar a vivir solo. Si es que hay espacio.

-Hay espacio, he visto muchas áreas vacías, puedo vivir en el piso de arriba por ejemplo.

-Se lo preguntaré a mi padre… Por cierto… Hablando de que eres mayor de edad. No me puedo creer que al final no lo celebrásemos.- ME encogí de hombros.

-Con el lío de la llegada, la mudanza y el inicio de las actividades no yo me acordé. Con lo que me gustaba celebrar mi cumpleaños y celebrar a la vez Halloween.- Empecé a reírme. –Es curioso…- Mis ojos se llenaron de lágrimas.

-¿Qué te pasa?

-Nada…- Intenté calmarme. –Sólo recordé que el año pasado me disfracé de Zombi, lo cual ahora me parece hilarante.- Dave rió conmigo.

-Oye…- Cayó segundos después, tornándose más serio.

-Dime…

-Mi cumpleaños es la semana que viene… Igual podríamos hacer doble celebración.

-Sí, igual podríamos hacer algo…

-Claro que sí.- Dijo con tono autoritario. –Vamos a celebrarlo como dios manda, cumpliste dieciocho años y no hicimos nada. Yo por lo menos salí de fiesta y me emborraché con esa edad.

-Se supone no puedes beber hasta los veintiuno.

-Es que me siento Europeo.- Me reí por su ocurrencia.

-Dios… ¿Sólo tengo dieciocho?- Me sorprendí a mí mismo. Es cierto que sabía mi edad pero con todo lo que había pasado sentía que había madurado y cambiado demasiado. No había sido tanto tiempo, pero me habían parecido años. Me sentía como un señor de cuarenta.

-De hecho. ¡Dios! ¡Estoy con un niño!- Exclamó Dave.

-¡Oye!- Me quejé. Lo escuché reír. -¡Sólo nos llevamos tres años exagerado!

-Bueno, técnicamente cuatro durante más meses que tres.

-Tecnicismos.- Dave volvió a reír.

-Me da igual… Cuatro o tres años… No es tanto sólo sé que quiero seguir contigo. Ahora tenemos otra vida y no sabemos cuánto durará esto… Sólo sé que pase lo que pase quiero estar contigo.- Mi corazón se aceleró y me sentí como un adolescente enamorado. Técnicamente lo era, pero no podía entender cómo lo hacía para seguir generando mariposas en mi estómago. Se suponía que esas cosas sólo duraban un par de meses ¿Cierto?

-Yo… También quiero eso.- No es que pudiésemos hacer mucho más que desearlo, tal y como l día que salimos huyendo e la ciudad era Viernes si mal no recuerdo e íbamos a ir a la piscina de Luis a hacer una fiesta porque sus padres no estaban. Dios… ¿Seguirían sus padres vivos? Negué con mi cabeza, no quería pensar ahora en eso.

Era Viernes del mes de Mayo si no me equivocaba. Casi finales. A Dave lo conocí hacia mediados de Junio y nos besamos por primera vez como en Julio. Ahora estábamos en Enero por lo que llevábamos juntos… Hice cuentas con mis dedos. Seis meses. ¡Dios! Seis meses ya… En parte pensaba había sido más tiempo pero por otra parte me parece una barbaridad que ya haya pasado más de medio año desde que dejamos nuestra vida.

-Bueno… Te noto cansado.- Me había olvidado que hablaba con Dave. Aunque tenía razón… Casi se empezaban a cerrar mis ojos. –Nos vemos mañana en la tarde.

-Nos vemos mañana en la tarde.- Repetí. –Te amo.- Añadí.

Escuché por última vez su voz acompañada de las interferencias del aparato y después lo puse en la mesita de noche. Me acomodé en la cama y sentí el sueño al instante. Estaba demasiado cansado y los días eran demasiado repetitivos. Sólo quería que pasasen los días y salir de na vez a buscar acción.

Empecé a numerar pendientes antes para empezar a alejar mi mente y dejar paso al sueño.

Debía darle un regalo a Cod… No le había dado nada por su cumpleaños… Cerré los ojos.

Buscar otro regalo para el de Dave… Empecé a dejar de sentir dolor me mis músculos.

Emborracharme algún día… Bostecé.

Buscar un hogar para vivir con Dave… Me acomodé de lado.

Tal vez… Tal vez hacerle un homenaje con Cod a papá y mamá… ME dejé llevar por el sueño.

 

 

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