CAPÍTULO 24. ESPECIAL LUKA. MIEDOS

Triadas chinas

Cuando el avión empezó a descender sentí miedo.

Sé que había venido a morir y no esperaba cambiar de opinión pero tampoco esperaba que el consejo estuviese tan enterado de mis actos. Y mucho menos, que se infiltrase en mi avión privado.

Miré de nuevo a Roberto de reojo, por lo menos él también se estaba sacrificando y me había ofrecido un plan que me daba esperanzas de acabar de una vez con el problema que siempre había mantenido con la mafia China.

Y no solo yo, obviamente el consejo estaba más que interesado, por eso había venido en mi ayuda. Los papeles que había entregado les había servido para hacer una movilización policial a gran escala.

Mezclaríamos ambas fuerzas, la de mi clan y clanes asociados, con las fuerzas policiales internacionales.

No estaba muy seguro de todo el plan y tampoco me gustaba el hecho de meter a mis amigos en medio, pero la verdad era mejor plan que el suicidarme. Al fin y al cabo, seguramente los chicos ya venían de camino a por mí.

Obviamente no me encontrarían aquí. Roberto y yo éramos la carnada suicida para que no se esperasen el ataque.

El avión tocó el suelo y mi cuerpo se echó hacia delante.

Me sujeté con mis manos a los reposabrazos. De todas formas no me caería, ya que llevaba el cinturón de seguridad.

-¿Preparado para fingir que quieres morir?- ME preguntó Roberto. Sonreí macabramente.

-Sé que no me matarán, me torturarán y ahora que me ofreciste un plan de escape no quiero morir, así que no podré huir. Pero no sería la primera vez que lo hacen. Aunque sí espero sea la última.-Roberto me devolvió la sonrisa, pero la suya estaba cargada de compasión.

El avión se estacionó a un costado de la pista privada. Me quité el cinturón me acomodé en la silla y crucé mi pierna sobre la otra esperando a que viniesen a por mí.

No tardaron mucho. Segundos después de que estaba completamente parado, las puertas se abrieron y entraron varios hombres armados. Con la misma parsimonia que yo tenía.

-Vaya, vaya señor Ryu, ¿A qué debemos su visita?- Preguntó uno de ellos con acento inglés marcado.

-Creo ya lo sabe.- Seguí en la misma posición.

El hombre desvió su mirada hacia Roberto y lo analizó de arriba abajo.

-¿Quién es tu amigo? A este no lo conozco.

-Tengo muchos amigos que no conocen, demasiados de hecho. Y hablando de conocer, ¿Quién es usted? No me suena habernos encontrado antes…- Sabía perfectamente quién era, trabajó durante años en el clan de Lao y había sido uno de los implicados en el secuestro de Cristian. Seguramente tal y como había temido, Lao estaba igualmente detrás de todo esto. El clan chino había dejado ir a su líder, más bien lo había escondido y aliado con el nuevo clan para aumentar su poder.

-¿A sí que se ha olvidado de mi cara?- Dijo algo molesto, sonreí por dentro, era mi intención.

-Puede que me suene… ¿No nos conocimos en Starbucks?- Su ceño se frunció y asesinó con la mirada a su compañero que había osado a reírse.

-¡Cállate idiota!- Lo golpeó ligeramente y lo empujó hacia Roberto, haciéndole una seña con la cabeza.

Este calló al instante asintió con la cabeza de nuevo serio y agarró a Roberto obligándolo a levantarse. Sentí pena por él, no parecía la clase de persona que se ofrecía de cebo.

-Revisa todo el avión.- Le ordenó a otro de sus lacayos que al igual que el anterior, asintió serio y acometió la orden rápidamente.

-¿No vino contigo tu noviecito?- Ahora era él quien intentaba enfadarme a mí.

-Fíjate que esta vez quise venir solo. Él no tiene nada que ver en mis negocios.- El tipo chasqueó la lengua.

-Eso va a ser una tremenda decepción para Lao. Ya veremos cómo lo solucionamos.

-Por cierto, ¿Dónde está? ¿El muy cobarde ya no sale de casa? ¿Tiene que mandar a sus perros a hacer el trabajo sucio?- Sonrió maliciosamente.

-Perros dice…- Susurró entre dientes. -¡Levanta!- No le hice caso.

-No gracias estoy bien aquí.

-¡Levanta!.- Repitió apuntando con su arma hacia a mí.- De nuevo sonreí, Sabía no me mataría, al menos no aquí y ahora.

-Adelante…- Lo invité a matarme.

-Maldito Japo…- Dijo con sarna, se acercó hasta mí y tiró de mi cabello obligándome a levantarme. Podía acabar con él en un segundo y más por la posición en la que estaba, pero no era parte del plan.

<<AAAAAAAHHHHH>>

Mi cuerpo se tensó y mi piel se encrespó con ese sonido. Mi corazón se aceleró y sentí que perdía la respiración.

-¡Señor aquí hay un niño!- Confirmó entrando en alerta. Reconocía el grito de mi hijo en cualquier parte.

Sentí que el mundo se me echaba encima. ¿Qué demonios? ¿Qué coño? ¿Por qué? ¿Por qué…

-¡Papaaaaaaaa!- Chilló de nuevo cuando me vio. Estaba totalmente colapsado. El gorila ese gargaba a mi hijo de su bracito con poco cuidado y él intentaba zafarse para llegar hasta mí.

-¡Suéltalo!- Exigí.

-Papaaaaaaa- JD empezó a patalear y llorar histéricamente. Mi corazón se rompió en mil pedazos y sentí el mayor miedo de mi vida. Esto no estaba en el plan…

-¡Haz que se callé!- Chilló el tipo desesperado zarandeando a mi hijo.

Me retorcí sobre mi propio cuerpo y en una maniobra hice caer al lacayo de Lao que me sujetaba con su arma pegada a mí.

Agarré su pistola y apunté directo al tipo que agarraba mi hijo. Enseguida tenía otros dos tipos apuntándome por los costados.

-¡Suéltalo!- Quería apretar el gatillo, pero… Eran más que yo ¿Cómo haría para escapar? No tenía plan, no tenía a nadie y podía traumar a mi hijo o conseguir que lo hiriesen de por vida. JD miraba asustado, con su boca cubierta por el gorila y su respiración entrecortada por el llanto.

El lacayo de Lao comenzó a reír desde el suelo. Lo miré de reojo, sus ojos empezaron a tornarse llorosos por las lágrimas.

-Dile que lo suelte- Amenacé con toda la seriedad posible al tipo que reía en el suelo.

-Vaya… Vaya.- Dijo limpiándose las lágrimas de los ojos. –Esto sí no me lo esperaba. Creo que las tornas han cambiado ¿no?

-Sólo tiene cuatro años, es un bebé no tiene nada que ver.- No pude evitar que mi voz sonase suplicante.

-Haremos una cosa.- Sugirió el tipo levantándose del suelo y sacudiendo su traje como si nada. –ME devuelves la pistola, hago que suelten a tu hijo y ambos venís conmigo calladitos y obedientes. ¿De acuerdo?

-Deja que él se vaya y yo iré donde sea y haré lo que sea.

-¡Ja! ¿Y creerte? Acabo de conseguir el pasaje perfecto para dos motivos fundamentales, uno que se te vaya la chulería y obedezcas en todo y otro el pasaje perfecto para que tu novio venga corriendo a los brazos de mi jefe.- Volví a sentir aún más terror si eso era posible. Daba igual la situación en la que Cristian estuviese por su hijo vendría corriendo aunque hiciese falta hasta aquí. Aunque seguramente ya estaba en camino ya que si JD había estado aquí todo el tiempo, ya debían de haberse dado cuenta en casa de su desaparición.

Bajé la cabeza y le entregué el arma sumisamente.

-Sólo no le hagan daño… Es solo un niño.

-Suéltalo Yun.- Dijo el tipo sujetando la pistola hablándole a quien sujetaba a mi hijo.

El tal Yun lo soltó haciendo que JD cayese al suelo. Se quedó ahí mirando hacia abajo llorando.

-¡James!- Lo llamé agachándome. Él levantó su cabecita y se puso de pie corriendo hacia a mí.

-Papaaaaaaaaaaaaa- ME abrazó y comenzó a llorar de nuevo. Sentí alivio en cuanto lo tuve entre mis brazos. Sabía que no estaba seguro, pero por lo menos no lo soltaría y podía intentar calmarlo.

-Sssh papá está aquí.- Intenté calmarlo susurrándole al oído.

-Andando y cállalo de una vez.- Ordenó el lacayo. Tan solo me levanté del suelo cargando a JD. Él se aferraba a mí con fuerza.

Bajé del avión y puse notar la cara de sorpresa de Roberto, que miraba a JD con los ojos bien abiertos desde el costado de una furgoneta. Obviamente… Esto tampoco era parte del plan.

Vi cómo lo metieron dentro de esa furgoneta y conmigo hicieron lo mismo, salvo que en otro vehículo diferente.

Cuando noté que JD ya estaba más calmado, lo separé un poco de mi cuerpo.

-¿Por qué viniste bebé?- Le pregunté. No quería regañarlo, suficiente asustado estaba ya, además aún no sabía qué iba a pasar con él y si lo dejarían a mi lado.- Él hizo un berriche volviéndose a unir a mi pecho.

-Bebé.- Insistí. –Sabes no puedes hacer esas cosas.

-Tú te ibas a ir…- Dijo con la voz rota por el llanto. –Ibas a dejar a papi y a mí y yo no quería “esta” solo.

-Pero bebé, ahora papi se ha quedado solo.

-“Pos” vámonos papá. ¿”Poqué” no nos vamos?

-Bebé… Ese hombre que te ha hecho daño es malo. Hay hombres malos…

-¿Por qué?

-Mi amor, hay gente mala en el mundo…

-¿Y no podemos ir a casa?

-No… Pero van a venir a por nosotros. Y tú vas a estar bien. Si no puedes estar conmigo estarás con unos amigos…- Mentí, tenía que prepararlo por si lo separaban de mí. –Pero ellos no te harán daño.

-¡No quiero!- Chilló y volvió a llorar abrazado a mí. –No me dejes papá, no seré malo, no volveré a “escapame” porfa, porfis llévame con papi o quédate conmigo.- Lo abracé con fuerza e impotencia, no podía hacer nada más por él.

El tiempo fue pasando y JD cayó dormido entre mis brazos, era mejor así. Llegamos al destino y la puerta se abrió dejando entrar la luz del sol que no había visto desde hacía por lo menos una hora.

Tapé a JD para evitar que se despertase y bajé sin decir palabra. Había bastante gente esperando por mí, con una sonrisa triunfante en la cara.

No dije ni insinué nada, estaba en una muy mala posición.

Examiné la casa y el patio conforme entrábamos, era exactamente igual que en las fotos que me habían enseñado. Por lo menos tenían claro los puntos débiles y cuántas personas la habitaban. No era como entrar a la aventura en la caverna de la muerte.

Entramos en la casa y memoricé los pasillos por los que pasamos, buscando por dónde salir en cuanto tuviese ocasión. Llegamos a un cuarto totalmente vacío y con rejas en las ventanas y recibí un ligero empujón para que entrase.

-Quédate aquí.- Ordenaron, cerrando tras de mí la puerta con seguro. No es como que fuese a escaparme, no tenía como y menos con James Dean en mis brazos.

Suspiré y me dirigí al fondo de la habitación. ME senté en el suelo y coloqué a JD para que estuviese más cómodo, apoyado en mi pecho.

Suspiré y acaricié su cabecita. Sin quererlo, había metido a mi familia de nuevo en problemas y esta vez era mi hijo… Cristian jamás iba a perdonarme algo así… Tampoco había sido culpa mía…

Escuché la puerta abriéndose y me puse a alerta. Abracé a JD de nuevo y me levanté del suelo casi en un segundo.

Sentí asco y rabia cuando vi entrar a Lao con protuberancia. Apreté mi mandíbula, sabía estaba detrás de todo, maldito hijo de puta… Lo mataría con mis propias manos cuando consiguiese dejar a salvo a JD.

-Así que ese es el hijo de Cristian. Dos gotitas de agua- Apreté mi mandíbula. –Sabía sólo quería ponerme nervioso.

Lao dio un paso al frente acercándose más a mí y reaccioné echándome hacia atrás, sabía su intención era ver a James de cerca, pero no estaba dispuesto a que se acercase a él. Chasqueó la lengua.

-Vas a tener que dejar que me lo lleve, tú no vas a quedarte aquí y dudo quieras tu hijo vaya contigo.

-Estás loco si piensas que voy a dejarlo contigo.- Él sonrió.

-No tienes otra opción Ryu, sólo estás vivo por diferentes motivos y entre ellos está la diversión de mis hombres y la mía de explayarnos contigo. Tú te irás a uno de los cuartos subterráneos, tu hijo puede quedarse arriba conmigo y la señora de la casa hasta que su padre venga a por él. Después ya veremos qué haremos, aunque tú ya estarás muerto para entonces.

-¿Papá…?- JD se movió de entre mis brazos y lo sujeté con más firmeza, no quería bajarlo.

-Vaya, vaya… Pero si tiene los ojos de su abuela… Y de su padre….

-No.- Volví a moverme, intentando darle la espalda para que no mirase a mi hijo. –No creas que voy a dejar a mi hijo a un pederasta pervertido como tú.- Lao rió. Menos mal mi hijo no sabía de qué hablábamos, era muy pequeño para entender.

-Por dios Ryu, es un bebé… ¿Tienes miedo de que le haga algo?- Pro supuesto lo tenía, estaba aterrado.

-No paraste por Cristian…

-Él ya no era un niño… Estaba bastante grande y tú hiciste lo mismo con él así que no puedes juzgarme.- Yo jamás le hice daño… Realmente nunca lo obligué a nada…

-Maldito hi…- Callé, JD era pequeño pero sabía perfectamente qué era un insulto o mala palabra.

-Tienes diez segundos para elegir.- Lao hizo un gesto con su mano y dos hombres entraron poniéndose  a sus costados. –Por las buenas o por las malas…

Apreté tanto mis dientes que hasta empezó a dolerme la cabeza. Después susurré.

-JD papá tiene que irse a trabajar.- Le dije con delicadeza.

-¡No!.- Chilló el niño enganchándose a mi cuello.- exasperé.

-JD pórtate bien, ya te has escapado. Yo tenía que venir a trabajar y te escapaste de casa. ¿Sabes lo triste que debe estar tu papi? ¡Además de enfadado!

-Lo siento…- Bajó la cabeza y sus ojos se llenaron de lágrimas. Dios… Sólo quería abrazarlo y disfrutarlo. Le estaba entregando mi hijo a un asesino que me odiaba…

-Hola James, qué nombre más bonito.- Lao le habló delicadamente a mi hijo y se me revolvió el estómago.

-Hola…- Dijo algo tímido.

-Él te va a llevar con una señora amiga mía que te va a cuidar. ¿Vale?- Asintió aún mirando a Lao.

-¿Cómo te llamas?- LE preguntó con más confianza.

-ME llamo Lao.- JD rió y se llevó las manos a su boca tapándola por completo. Después me miró a mí y de nuevo a Lao.

-¡Ese nombre no se puede decir!- Medio gritó. Lao arqueó una ceja confundido. JD volvió a mirarme y se rió.

-¡Se llama Lao! ¡Lao es una palabra mala, no se puede decir.

-¿Por qué no se puede decir pequeño?- Preguntó Lao.

-No te interesa.- Respondí serio.

-Porque papi se pone mal.- Respondió el niño orgulloso de saber la respuesta. Lao sonrió macabramente y soltó una risotada.

-Así que tu papi se pone mal si escucha ese nombre ¿No?- JD asintió.

-Ya basta JD.- No tenía derecho a regañarle, realmente no estaba haciendo nada malo pero era muy pequeño como para saber cuándo uno debe callar. Y no podía aplicar la de no hablar con desconocidos porque técnicamente había dicho que era mi amigo y lo iba a mandar con él.

-Pero papá… Dice que se llama…

-Ya sé cómo se llama, olvídalo ¿Vale?.- James calló y frunció sus labios, no estaba de acuerdo con el final de esa conversación.

-Vamos.- Indicó Lao que aún sonreía con malicia. Suspiré y comencé a andar con JD en brazos. Salimos de ese cuarto y recorrimos un pasillo, el cual sólo contenía puertas y paredes. LA casa era una mansión magistral y aun así, esta casa no tenía ninguna amenidad o por lo menos no había visto ninguna en lo poco que había recorrido.

Paramos en frente de una puerta, la cual obviamente llevaría al sótano. Una señora apareció por el fondo del pasillo, vestía ropajes chinos y su pelo estaba recogido en dos largas coletas encima de su cabeza. Me recordó a Mei.

Cuando llegó a nuestra altura hizo una reverencia, Lao agitó su mano y le habló en Chino.

“Cuida del niño. Llévalo al salón o a mi cuarto” tradujo instantáneamente mi cerebro. Ella volvió a hacer una reverencia y después se acercó hasta amí, tendiéndome sus brazos para que le pasara a mi bebé.

ME rehusé a hacerlo y lo abracé con más fuerza. Después recordé al peligro que lo estaba enfrentando. Analicé a la señora, no parecía formar parte de ese mundo, tal vez simplemente una sirvienta humilde que acabó mezclada donde no debía.

Sonreía con cariño y pena a mi hijo, sabía quién era yo o por lo menos que no iba a acabar bien. Sonreí con pesar y le entregué a JD escuchando a mi corazón romperse internamente en mil pedazos.

-“Tranquilo, él estará bien.”- Me dijo en Japonés. No pude evitar que el “él” resonase en mi cabeza. Obviamente sabía yo no saldría bien de ésta. Aunque si el plan del consejo funcionaba, se equivocaba.

-Te veo en un rato bebé- LE dije a JD acariciando su cabeza. Él asintió callado, creo que estaba enfadado conmigo o consigo mismo igual. Sabía no se había portado bien. Suspiré y lo seguí con la mirada mientras se alejaba.

Después abrieron la puerta y me introdujeron a un obscuro pasillo escaleras abajo.

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