CAPÍTULO 3. EL DÍA A DÍA

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-¡Matt!- Chilló el coronel al cargo de mi patrulla.

-¿¡Si señor!?- Contesté en un grito poniéndome recto.

-Tienes que esforzarte más con esta prueba muchacho, no olvides que fuera las cosas son más difíciles.- Su voz se relajó cuando me habló y a la vez yo relajé mis hombros.

-Lo siento.- Me disculpé, aunque en realidad no lo sentía. Había aguantado fuera mucho más que toda la gente que estaba aquí. Alguna de hecho ni se había enfrentado a uno de “esos” ellos solos. Sabía perfectamente cómo moverme en esa situación y arrastrarme más lento que otros no me iba a matar porque al fin y al cabo me levantaba y lo mataba de un palazo y ya.

-¿Qué piensas muchacho?- Preguntó el coronel Harris, me di cuenta de que me había quedado embelesado a su lado en vez de volver al entrenamiento.

-Señor.- Le miré directamente a la cara. –¿Por qué solo nos enseñan a huir rápido y no a combatir?- Quise saber. Todo este tiempo había sido correr, levantar pesas, agacharse y volver a correr. Nada más.

Nada de armas, ni de combate cuerpo a cuerpo. Bueno, tal vez un poco pero no lo necesario; era más importante que aprender a huir. Mejor muertos con un buen servicio que vivos para nada.

-Es importante la resistencia muchacho.- Al parecer lo más importante… Menos mal ya no tenía asma si no, no hubiese aguantado nada de esto.

-Lo entiendo señor…- No quería discutir con él. Lo escuché suspirar.

-Tú, Clara y Hiroko sois los más expertos del grupo. No creas que no me doy cuenta. Llegasteis aquí hace poco habiendo vivido y más importante, sobrevivido fuera más que cualquier otro. Más incluso que nosotros. Ya que siempre hemos salido en patrullas de combate, equipados y con experiencia en campo abierto.

-Sí señor…- Al menos lo reconocía.

-Pero a la vez que veo un gran valor, también veo una prepotencia que no me gusta. Ya no estáis solos. No tenéis educación de mando y además, la educación y el respeto no es lo que era en mi época. Seguramente yo te digo algo y después te vas con ellos a reír, mofarte y olvidarte.

-No señor…- Aunque realmente sí había pensado que no tenía sentido.

-Si no aprendes a obedecer órdenes, serás un peligro para el resto ahí afuera.

-No…

-No me interrumpas. ¿Ves a lo que me refiero con lo de respetar? Si un superior habla, tú cierras la boca.- Tragué saliva.

-Lo siento.- ¿Podía hablar para pedir perdón?

-Temo que si os dejo salir y algo se complica, os tomaréis las órdenes y los protocolos por vuestra cuenta. No me siento seguro con vosotros.

-Pero hay mucho en lo que podemos ayudar también.- Me defendí, después recordé que me había mandado callar.

El coronel se rió.

-Debo acostumbrarme al nuevo mundo y a los nuevos jóvenes… Por ahora sólo vuelve al entrenamiento.

-Sí señor…- Medio le sonreí y volví con el resto que aún estaban corriendo y haciendo diversos ejercicios.

-¿Qué te dijo?- Quiso saber Clara en cuanto me puse a su lado. Noté su marcado acento Español cuando me hablaba en inglés, menos mal lo hablaba bastante bien para entendernos. A diferencia de Hiroko, la cual aunque sabía que nosotros éramos los más parecidos a ella, no se acercaba porque no tenía ni idea de otros idiomas. Tan solo se quedaba ahí, con el resto de japoneses en un grupito cerrado.

-Que no se fía de nosotros- Dije lo más lento posible para que me entendiese.

-¿Por qué?- Preguntó extrañada.

-Bueno, no es que no se fie. Dice que nos ve más avanzados, que le da miedo que tomemos las normas por nuestra cuenta y que cuando salgamos nos comportemos como lo hacíamos antes de llegar aquí, en vez de bajo un protocolo y unas normas. O eso entendí más o menos.

-¡Qué tontería!- Exclamó.

-Lo sé, aunque… Tiene razón.- Si pudiese descubrir algo lo haría, no me esperaría a que la burocracia me diese autorización. Cosa que no me darían a mí si quisiese descubrir algo o intuyese algo seguramente serían ellos los que se encargasen. Ni yo, ni Ángela, ni Dave.

-Sí la tiene…- Por un segundo ambos nos miramos, después Clara sonrió y la imité.

Ambos nos pusimos como pareja para hacer abdominales a un costado del resto de las personas, si nos íbamos a quedar hablando teníamos que fingir estar haciendo algo.

-¿Cuánto tiempo estuviste fuera?- Pregunté una vez me vi tumbado en el suelo con Clara agarrándome los pies.

-Llegué tan solo unos días antes que tú, lo sabes.- Dejé de hablar vocalizando, me entendía a la perfección.

-Sí ya…- Recordé. –Estabas con otras tres personas ¿Cierto?- Ella asintió.

-Mi novio Quique y sus dos amigos. Huimos los cuatro desde su casa. Tú con tu novio y tu hermano dijiste, ¿No?

-Sí.- afirmé. –Y dos amigas que hicimos por el camino por decirlo de alguna manera, una de ellas es la señora que se encargaba de la casa de mi novio y la otra una chica que encontramos de camino. Y bueno, también vino con nosotros un científico. Pero dejamos mucha gente atrás.

-Nosotros igual. Hubo gente que perdimos de vista, gente que murió y otra gente que simplemente se asentó en un lugar, se sintieron seguros y ya no quisieron avanzar.

-¿Las cosas están muy feas por tu país?- Asintió.

-No sé si mis padres y mi familia estén vivos, pero en mi ciudad las cosas fueron demasiado rápidas. De un segundo a otro Quique y yo estábamos huyendo. Atacaron a sus padres ese primer día y gracias a Dios nos encontramos con  Alberto y David. Sin ellos creo que ambos habríamos muerto.

-El mundo se fue a la mierda de un día para otro.

-Lo sé… Nadie se lo esperaba. Al igual que tampoco me esperaba que algo como esto existiese. Es decir, en las películas dicen que siempre hay un refugio per… Yéndose así el mundo a la mierda tan rápido, sin previo aviso pues

-si sabes los altos manos y el ejército lo sabía, ¿no?- Clara se encogió de hombros.

-La verdad lo imagino, aunque no puedo afirmarlo la verdad.

-Yo sí. El padre de mi novio y mi tío trabajan para el ejército, él nos avisó. Además, mi padre es científico y bueno todos ellos sabían que algo estaba pasando. Igual cuando mi padre lo supo de centro a centro pues fue demasiado tarde como para huir a gusto. Pero mi tío lleva aquí desde le principio. Dudo que mi prima y mi tía hayan visto alguna vez alguna de esas cosas.

-Son personas.

-¿El qué?

-Esas cosas… Podrían ser tus padres… O los míos.

-Lo sé… Pero no puedo ponerles nombre como hicieron en el pueblo ese de los perros rabiosos.

-Cambio.

-¿Qué?

-Que llevas cien, me toca.- Me di cuenta que seguía haciendo abdominales.

-¡Ah ya! Perdona.- Cambiamos posiciones.

-¿Qué pasó en ese pueblo?- Quiso saber Clara cuando empezó con su tanda.

-Que los tenían encadenados como perros, y les habían puesto nombre y los alimentaban.

-¡Qué barbaridad!

-Como tú dijiste, son humanos. Igual eran sus familiares y fue lo mejor que se los ocurrió. Pero… No estoy de acuerdo con eso. No sé… Siempre he dicho que si resulta que hay cura todos seremos asesinos.

-Aunque no la haya, ya somos asesinos. No veo dificultad en matar a uno si mi vida corre peligro, ¿Qué diferencia habría si ese uno está sano?

-Lo mismo pensé…- Me callé por un momento. Nunca había hablado tanto con Clara. Sabía que ella había pasado tiempo fuera pero no nos habíamos parado a hablar tranquilamente.

-¿Qué está haciendo tu novio ahora?

-Estudia medicina. Ya lo hacía antes de que esto empezase así que solo tiene que acabarla.

-¿Tú qué hacías?

-Estudiaba Economía, pero me dieron a elegir por mi tipo de sangre y elegí esto. Prefiero ser de más utilidad. ¿tú?

-Estudiaba el último año de instituto.

-¿Eres menor de edad?

-Sí, aún tengo dieciocho.- Confesé.

-¡Wau! Exclamó. –No lo parece. Es decir tampoco te echaba treinta pero sí te hacía de mi edad. Y por cierto, dieciocho si es ser mayor de edad en mi país.

-Ya sé… ¿Pues tú cuántos años tienes?

-No tantos, veintidós.

-Mi novio cumple veintidós dentro de nada.

-Deberíamos hacer una fiesta, hace siglos que no me relajo.

-Si pensaba hacerla y por celebrar mi cumpleaños también.

-Nosotros cuatro estamos en un piso en tokyo towers. Igual podríamos hacerlo ahí.

-Estaría bien, ya que yo vivo con mis tíos y Dave con su padre. Nunca está, pero puede aparecer.

-Pues dicho queda, el sábado que no tenemos entrenamiento la organizamos. Saldremos a investigar a ver si encontramos  algo de alcohol.

-Gracias Clara.

-De nada, también me viene muy bien.- Volvimos a callarnos durante unos minutos. Yo miré al horizonte, mientras ella se concentraba en sus ejercicios. –Por… Cierto.- Me interrumpió, se la notaba cansada.

-dime.

-He querido hacerte una pregunta desde hace tiempo, pero no me he atrevido.

-¿Qué es?- La miré interesado.

-¿De verdad te mordieron?- Recordé ese momento y mi tripa se retorció.

-Sí.- Respondí a la vez que asentía. -¿A ti no?

-No. No conozco a nadie que le hayan mordido. Es decir sí, pero se transformaron. En algún grupo escuché de gente mordida que había sobrevivido y al llegar aquí me enteré de lo del tipo de sangre. Pero nunca había conocido a nadie.

-Pues ya conoces a uno.

-¿Te dolió?- Reí.

-Menuda pregunta, claro que dolió.

-Quiero decir… ¿Qué sentiste?- Pensé durante un segundo.

-Pues… Dolor. Después se me infectó y me dio mucha fiebre. No recuerdo mucho de eso pero sí pasó algo.

-¿Qué fue?

-Antes era asmático.

-¿Y ya no?- Negué.

-Por lo menos no he vuelto a tener asma.

-¿Crees tenga algo que ver?

-No lo sé, ya les dije a los científicos y no tienen una respuesta para mí. Piensan que es porque al ser mi sangre incompatible y luchar mis plaquetas contra el virus eliminó ciertas dolencias automáticamente y me hizo más fuerte por sobrevivir.

-¿Sabes? Me gustaría que me mordiesen.- Me sorprendí.

-No digas tonterías…

-Piénsalo. ¿Y si es un súper pode ro algo así? ¿Y si has mutado a un humano mejor? Tenemos esa capacidad por nuestro tipo de sangre, igual no sería tan malo. De todas formas, no moriría.

-Estás loca.- Confesé.

-Lo sé.- Ambos reímos.

-¡Matt!- Escuché mi nombre en gritos interrumpiéndonos y miré hacia el fondo. La psicóloga estaba junto al coronel.

-¡Voy!- grité. –Creo que me olvidé que hoy me tocaba a mí.- Le dije a Clara. Ella asintió con una sonrisa y se sentó.

Me levanté del suelo y corrí hacia donde estaban.

-Buenos días señora Hanks. Perdón, creo olvidé nuestra cita.

-Lo imagine, pero tranquilo. Veo estáis bastante ocupados. Coronel, con su permiso me lo llevo conmigo.

-Adelante.- Respondió Harris.

-¿Cómo has estado? ¿Ya adaptado?- Preguntó Lydia una vez comenzamos a andar.

-Bien. Bastante adaptado sí. Ya casi me olvido del infierno que hay ahí fuera.

-Eso es bueno… en parte supongo.

-¿Tu hermano?

-Ya sabe, siguen pensando en lo mismo. Crecer demasiado rápido y unirse a mí.

-Hablaremos de eso ahora me mi oficina.

-Sí.- Respondí con una sonrisa. Me alegraba un montón que me hubiesen sacado del entrenamiento, estaba bastante cansado ya de tanto entrenar y no quería estar entumecido y adolorido hasta la muerte cuando viese a Dave en la tarde. Si no, no iba a poder disfrutar de su compañía por solo pensar en dormir y morir.

Sólo unas horas más, volví a repetir en mi cabeza con una sonrisa en la cara.

Unas horas más y podré abrazarlo.

 
—————————————————–

¡nUEVO CAPÍTULO! wiiiiiiiiiiiii No me odien por tardar tanto porfavor!

Por lo menos no los abandoné y aquí sigo. jejeje

Estarán un poco conociéndose los personajes y los nuevos personaje espero pronto matt tendrá que enfrentarse a salir y esta vez sin Dave.

¿qué opinan de ClarA? ¿Podrán ser buenos amigos?

Espero sus comentarios aquí o en la fanpage de facebook.

Además, me gustaría saber qué ideas tiene para esta saga. ¡Soy todo oídos!

Un abrazo!

 

LOVE LOVE!

 

YUMIYU.

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One thought on “CAPÍTULO 3. EL DÍA A DÍA

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