CAPÍTULO 25. MI MAYOR TEMOR.

Cuando paramos en la casa franca no esperé ver tanta gente de nuestro lado. No sólo otros clanes japoneses que no tenía ni puñetera idea de cómos e habían enterado de todo el problema y mucho menos, cómo habían sido capaces de llegar antes de nosotros.

¿Acaso había un grupo de whatsapp y no estábamos invitados?

Era de locos, había todo un cuartel general de policías, personas pertenecientes a mafias aliadas y personas del consejo.

Vi a clara entre todas ellas y me acordé de mi madre. Ella me miró desde la distancia y sonrió con pesar. Después bajó la cabeza continuando con sus planes con las personas con las que conversaba.

Suspiré, conocía perfectamente a mi madre. De hecho, muchas personas lo hacían y sin embargo en estos años no había recibido noticias de nadie. Alguna vez que iba al cementerio resultaba que alguien le había puesto flores, pero nadie vino a decirme lo triste que había sido su pérdida.

-Cristian- KAi me sacó de mis pensamientos y menos mal, porque estaba a punto de llorar.

-Dime…

-De este lado, no te despistes.

-Ajá.- Contesté siguiéndole. Definitivamente no estaba hecho para ser estratega o soldado. Mis pensamientos anulaban mi capacidad de reacción en sobremanera.

Seguí a KAi hasta lo que parecía ser la cocina de la casa. Era difícil saber con tanta gente, papeles y armas por todas partes. Además, no había un frigorífico o una estufa. Igual era un pequeño comedor.

-Son las ocho cincuenta, a las nueve salimos para el factor sorpresa, nosotros entramos a las nueve treinta y el apoyo cinco minutos después cuando piensen estamos solos.- escuché terminar de decir a Leo, que coordinaba horarios con alguien que no sabía quién era.

-Perdón que interrumpa…- ME atreví a decir. –Pero… ¿Por qué noes tramos todos juntos y ya? Si entramos por tandas ¿No es más probable que muramos?- Todos me miraron como si hubiese dicho la cosa más absurda del mundo y no entendía el porqué. Yo la veía bastante lógica.

-El factor distractor que puede ser no sé, una bomba, un ataque, una rotura de cristal. Ahora lo iremos viendo conforme lleguemos. Ese despistará y mantendrá al jefe del clan enemigo alerta y distraído. Depsués entra un pequeño escuadrón por una de las áreas desviando la atención hacia allí y al ser los compañeros del señor Ryu –Mi marido, pensó automáticamente mi cabeza. Se cree completamente que fueron a unirse a su causa y en ese despiste el resto atacamos por el otro lado y de nuevo por el mismo que ellos.

-Okay, lo que digáis sólo quiero entrar allí y acabar con esto de una vez.- El señor miró su reloj.

-Tres minutos. ¿Listos?

-Vámonos.- Terminó por decir Leo comenzando a caminar hacia afuera. Kai y yo lo seguimos.

-¿Preparados?- Escuché decir al hombre mientras salíamos de la casa. Después la puerta se cerró y tan sólo se alcanzó a escuchar un leve bullicio a través de la puerta.

Nos montamos en el coche en pleno silencio, Kai arrancó  y comenzamos a avanzar por las calles. Creo que nadie tenía ganas de hablar o más bien ellos se estaban concentrando en lo que iban a hacer. Yo era más bien un peón. Sabía no me matarían ahí al igual que no iban a matar a Luka. Nos querían vivos, para diferentes motivos, pero vivos.

Suspiré, no sé por qué no estaba tan nervioso como debería. O más bien mi mayor temor opacaba cualquier otro tipo de miedo. Ahora, tan sólo podía pensar en JD y si estaba bien. Era muy pequeño, demasiado lo cual en parte era bueno y en parte no. Porque seguramente no recordaría nada de esto, sin embargo también podía llegar a traumarlo para el resto de su vida.

-Esa es la casa.- Sentenció KAi reduciendo la velocidad y parando a un costado de la carretera.

-No deben tardar mucho en saber que estamos aquí, hay que actuar rápido con el elemento distractorio. Dudo que estén tranquilamente en su casa sin tener vigilancia en por lo menos cuatro o cinco manzanas a la redonda.

-¿Qué vamos a hacer para distraerlos?- Se me hacía raro que saliésemos sin un plan concreto, siendo como eran ellos. Lo creía más de Luka pero ellos eran más centrados en eso.

Ambos se miraron y después me miraron a mí. No necesité preguntar nada, sus caras de tristeza y el acto de nerviosismo de Leo de morderse el labio me lo indicaron.

-Yo soy el cebo.- Dije en voz alta.

-No queremos que sea así…

-Pero no hay otra manera.- Terminé su frase.

-Tranquilo Cristian, no te van a matar y entraremos a por ti y JD antes de que puedas imagina. Solo tienes que…

-Bajaros del coche.- Interrumpí a Leo en su charla.

-¿Qué?- Preguntaron al unísono.

-Se nos acaba el tiempo- Les recordé. –Y no permitiré que mi bebé pase más tiempo solo y asustado.

-¿Qué vas a hacer?

-¡Bajaros!- Chillé. Ellos podían mediar un plan sin contarme pero yo debái decirles hasta el último detalle? Iba a hacer ruido y ya está.

Ambos bajaron dudosos del coche, bajé con ellos y me subí en el asiento del conductor antes que pudiesen reaccionar.

-Voy a  hacer ruido. No tardéis en venir a por nosotros.

No les dejé contestar, aceleré el coche lo más que pude dirección a la casa. Cerré los ojos justo cuando el morro chocó con el portón que separaba la entrada de la salida.

Noté cómo mi cuerpo se fue hacia delante por el impacto. Solté el pie del acelerador y abrí los ojos justo para verme chocar contra uno de los muros de la propiedad.

-¡Mierda!- Chillé esperando el golpe. De nuevo mi cuerpo se agitó y el airbag salió disparado evitando que golpease mi cabeza.

Me atonté por unos segundos, incluso pensé que iba a desmayarme ahí.

Respiré hondo y atraje de nuevo mi odio y mis temores a mi cuerpo para darme fuerzas.

Salí del coche y lo miré por un segundo. Al menos sabía que tenía dinero suficiente para pagar el estropicio que había propiciado. Sólo se había destrozado el morro pero el daño era considerable. Además de que seguramente no devolvían ese coche a la agencia.

-¡Alto!- Escuché que chillaban dirigiéndose hacia mí. Levanté la cabeza y los miré como un loco.

-¡Lao! ¡Maldito hijo de puta devuélveme a mi hijo!- Chillé al aire. Enseguida me vi rodeado por sus lacayos que me apuntaban con un arma.

-¡Al suelo!- Me gritaron.

-¡Quiero ver a mi hijo!- Exigí acercándome a ellos.

<PUM>

Escuché el sonido de un arma y por un segundo pensé la bala iba dirigida a mí. Pero no, rebotó en el suelo justo a mi costado. Había sido una advertencia.

-Las manos donde pueda verlas.- Levanté mi manos en son de paz. Uno de los hombres se acercó a mí y me agarró de malas maneras.

Una mueca de dolor se escapó de mis labios. Me arrastró seguido por sus amigos mientras otros comenzaban a acordonar la zona por la que había entrado tan abruptamente para averiguar si alguien venía conmigo.

Bueno… Ese era el plan ¿No? Despiste, entrada y después la sorpresa. Seguía sin entender del todo el por qué no entrábamos todos de golpe pero bueno, ellos eran los expertos.

Me metieron en la casa de malas maneras y demasiado rápido como para pararme a mirar qué tenía a mi alrededor.

Se empezó a escuchar gente para arriba y para abajo, seguramente por el estrago que había causado. Abrieron la puerta de una habitación y me empujaron dentro.

Tropecé por la fuerza con mis propios pies y caí al suelo a la vez que escuchaba el portazo de la puerta cerrándose.

-Tranquilo Cristian.- Me dije a mí mismo levantándome. Respiré hondo y mi corazón dio un vuelco agitando mi respiración. Sabía lo que venía ahora. Lao cruzaría por esa puerta hasta llegar a mí y yo debía esconder mi miedo y mantenerme impasible.

Como si lo hubiese invocado, la puerta se abrió de nuevo con un crujido y la luz mostró la cara de mi peor pesadilla.

Tragué saliva cuando él sonrió triunfante.

Seguía teniendo la misma expresión, incluso después de haber perdido el poder que tenía y perder sus negocios ahí estaba impasible. Su único cambio era su pelo. Había dejado atrás su larga melena y ahora tenía el pelo recogido en un moño encima de su cabeza.

-Cristian- Su sonrisa retorció mis entrañas.

-¿Dónde está mi hijo?- Pregunté con rabia, guardando la compostura.

-Está bien, ¿Cómo has estado?

-Quiero verlo.- Seguí en mi posición.

-¿Sigues acordándote de mí?

-¡Quiero ver a mi hijo!- chillé empujándolo fuera de mi camino. No pude dar ni dos pasos, cuando me agarró del brazo y tiró de mí.

-Tranquilo tigre… Ya no eres tan modosito como hace unos años…

-No vas a intimidarme… Sólo eres un asesino cobarde que se esconde detrás de sus lacayos.- Lo escuché chasquear la lengua.

-Aún puedo someterte…- Me empujó contra la pared y agarró mi pelo haciendo que s eme escapase un gemido de dolor. –He pensado mucho en ti…- Intenté zafarme, pero me apretó con más fuerza.

-No sé qué pretendes…

-Tienes un hijo muy bonito Cristian…- Su mano acarició mi espalda bajando hacia mi trasero.

-¡Suelta!- exigí retorciéndome. –No le hagas daño a él, déjalo libre solo es un niño por favor…

-¿Sabes lo que haré?- Pegó su boca en cara hasta sentir su respiración de cerca.

-Por favor…- No me importaba qué me hiciese a mí, sólo quería que JD estuviese a salvo.

-Tú, tu niño y yo nos vamos a ir de aquí en este instante.- Abrí los ojos de par en par, si nos íbamos del lugar no podrían rescatarnos y no encontrarían a Lao cuando entrase el batallón.

-No iré contigo a ningún lado.

-¡Ja!- Exclamó. Después se separó de mí. Salió de la habitación y cerró de un portazo.

Está bien, no sabía ´donde había ido pero tenía que buscar una salida ya. Quería sacar a JD de la casa antes de que todo comenzase. Miré a mi alrededor sin encontrar una salida. La ventana daba cerca del suelo, pero tenía barrotes.

Forcejeé la puerta intentando salir.

-Mierda- Exclamé en voz alta.

El cerrojo de la puerta volvió a abrirse y volvía  tensarme poniéndome a la defensiva. Lao entró con JD en los brazos.

-¡James!- Lo llamé. Él me miró con su carita llena de lágrimas. ¿Por qué estaba llorando? -¿Qué mierda le hiciste gilipollas?- Corrí hasta él y de la nada un guardia me cortó el paso. ¿De dónde había salido?

-¿Ves James? Hiciste enfadar a tu papi. El día de hoy te has portado muy mal.

-¡Lo siento!- Chilló mi bebé. –Papi no me odies perdóname, perdóname.- Levantó sus bracitos hacia mí.

-Colega, recuerda lo que dijimos.- Le dijo Lao, mi bebé asintió y guardó sus brazos, sujetándose al hombre que tanto odiaba.

-Suéltalo o…- Amenacé.

-Cristian.- Lao habló en tono muy serio. –JD y yo nos vamos, tú puedes decidir si nos sigues obedientemente o te quedas aquí perdiéndolo para siempre.- Bajé mi cabeza resignado.

-Voy contigo.- Dije en un murmuro.

-¿Qué dijiste?- Preguntó Lao deseando volver a escucharme. –Más alto por favor.

-¡Que voy…

-¡Nos atacan!- Se escuchó el grito de uno de los hombres de Lao interrumpiendo lo que estaba por decir.

De repente empezamos a escuchar muchos ruidos.

-¡Malditos! ¿Es qué no sabéis hacer nada bien?- Se escuchó a un Lao enfadado.

-¡JD!- Lo llamé para que me mirase.

-Quédate vigilándolos.- Dijo Lao al tipo que aún tenía delante. Bajó a JD y salió del cuarto junto con el gorila, cerrando la puerta tras de ellos.

-¡Bebé!- Abrí mis brazos para recibirlo, pero mi niño se quedó ahí parado, mirándome con pena y aún con lágrimas en los ojos. -¿Mi amor?

-Estás enfadado conmigo…

-No, no estoy.- fui hasta él y me puse a su altura. -¿Estás bien?- Quise saber mientras empezaba a revisarlo. Él asintió. -¿Alguien te ha hecho daño?

-No…

-¿dónde estabas ahora?

-Jugando con una señora como nany.- Me alegró saber que había estado con una señora todo el tiempo.

-¿Has visto a papá?- Quise saber. Volvió a asentir.

-Se enfadó porque no le dejé trabajar y se fue con unos hombres abajo.- Respiré hondo y lo abracé descargando todo mi estrés en un instante.

Besé su cabello y me limpié una lágrima que s eme había escapado. No sé qué habría hecho si le hubiese pasado algo.

-¿Podemos irnos ya?- Preguntó.

-Pronto amor, van a venir a por nosotros para recogernos. Pero igual hacen mucho mucho ruido y tienes que taparte los oídos.

-¿”po qué” van a hacer ruido?

-Porque son ruidosos.

-¿Y papá viene?

-Si amor… Nos iremos los tres a casa y pronto conoceremos a tu hermanita.

-Claire…

-Sí mi bebé hermoso.- Volví a abrazarlo. –Ahora quiero que me hagas caso ¿vale?- Me miré confundido y centré mi mirada en él. -¿Vas a obedecerme esta vez a lo que te diga?

-Sí papi.

-¿Me lo prometes?

-Sí…- Respiré hondo y me levanté del suelo, lo subí entre mis brazos y me acerqué a la puerta a intentar escuchar. En cualquier momento entrarían y tenía que estar preparado para correr.

<PUM> <PUM>

Cada vez comenzó a ponerse más feo el ruido de fuera.

ME eché hacia atrás por si disparaban a la puerta no nos dañasen.

No alcanzaba a distinguir ninguna voz, sólo ruidos y mucha gente moviéndose, mezclado todo con disparos.

Unas sirenas se incorporaron a la caótica sinfonía. ¿Cómo era posible nadie hubiese entrado aún por esta puerta?

De nuevo como una invocación, la puerta se abrió y entraron varios hombres armados. No reconocía  ninguno, ni siquiera sabía si estaban de mi parte.

-Salir de aquí, vamos vamos.- Nos escoltaron entre dos y nos sacaron del cuarto.

-JD cierra los ojos.- Le ordené, no permitiría que viese muertos por el camino. Tapé a JD con mis brazos y comencé a correr.

Preferí no mirar y mucho menos buscar. Sentía disparos, gritos y tuve que saltar a algunas personas que o estaban muertas o estaban en proceso de estarlo.

Si me paraba a mirar podría romper mi corazón si encontraba a algún conocido y a más tardase más probabilidad de que JD abriese los ojos.

Llegamos hasta afuera y me aparté a un costado del jardín, había gente entrando y saliendo y la policía rodeaba el lugar.

-¡Cristian!- Escuché la voz de Leo y sonreí.

-¡Leo!-Lo llamé casi poniéndome a llorar.

-Te dije sería rápido. No esperaba se presentase tanta gente.- Dijo llegando hasta mí. -¿Estáis bien?- Asentí, Leo tocó la cabecita de JD.

-¿Puedo abrir ya los ojos papi?- Preguntó algo asustado por los ruidos.

-No mi amor, aún no. ¿Luka?- Quise saber.

-KAi fue a por él, no sé dónde está. Salí para asegurarme que estáis bien.

-¡Cristian!- ahora la voz de KAi.

-¡Kai!- Volví a relajarme de nuevo cuando llegó hasta mí. Bien, sólo me faltaba mi marido y estaríamos todos.

-Kai, Leo. Necesito vuestra ayuda.- Llegó el mismo hombre que planeó con ellos en aquella cocina horas atrás la estrategia. –Luka se ha ido a por Lao con otros tres del consejo, escapó por detrás y vamos a seguirlo.

-Vamos…

-¡Esperar!- Chillé. Después me di cuenta que no podía ir con JD. –Por favor… Traerlo de vuelta a casa.

-Siempre…

<PUUM>

Sentí un estruendo mayor al de un arma, seguido por una oleada de calor que nos tambaleó a todos. Miré al otro lado de la casa, algo había explotado allí.

-Mierda…- Escuché al tipo decir mientras se iba corriendo hacia el lugar.

Kai y Leo fueron detrás de él y por inercia empecé a caminar hacia el lugar de donde había provenido el ruido.

Había un coche completamente en llamas, destrozado.

Miré a Kai a lo lejos hablando con alguien, después chilló y golpeó un árbol que tenía a su costado.

Leo me miró y fruncí el ceño. De repente mi corazón se aceleró. Conocía esa mirada… Conocía esa rabia…

-¡No!- Chillé corriendo hacia el lugar aún con mi hijo en brazos.

-¡Cristian!- Me paró el mismo tipo.

-¡Suélteme!- Le chillé. Bajé a JD de mis brazos que no entendía qué pasaba e intenté de nuevo llegar hasta el lugar.

-Lo siento mucho…

-No se atreva a decirlo- Le amenacé. Aunque no hacía falta, sabía perfectamente qué tenía en mente. Luka estaba en ese coche…

 


¡No me maten! jejej espero que lo hayan disfrutado quedan exactamente 2 capítulos para el final!.

 

Sé que fue muy rápida la acción pero es que era así, tenía que ser maniobra de entrar y salir…

 

Espero sus comentarios.

 

LOVE LOVE

 

YUMIYU!

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3 thoughts on “CAPÍTULO 25. MI MAYOR TEMOR.

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