CAPÍTULO 26. NO QUIERO VER A NADIE

 

-No quiere ver a nadie.

-Tiene que hacerlo, hay demasiadas cosas por hacer y él tiene que estar presente. Hay decisiones que no podemos tomar por él…

-Toma todas las que puedas por ahora.

-¿Y qué pasa con JD?

-¿Qué pasa con él?

-Pues no debo ser yo quien le cuente la noticia… Y luego… ¿Va a ir? De hecho, ¿Vendrá Cristian?

-Aunque no quiera tendrá que hacerlo.

-Tendrá que dar la cara ante el consejo.

-No creo… Más bien la daremos nosotros. No creo que sepamos nada de ellos después de esto.

-¿Qué diantres pasó Kai? Estábamos a esto de conseguirlo. Ya estaba todo hecho.

-No quiero hablar de eso…

-Pero no lo entiendo…

-Leo… No… Además, Cristian está escuchando. Está despierto no quiero recordarlo.

-Cris…- Volvieron a llamarme. Claro que los estaba escuchando pero como si no lo hiciese. Tenía el alma rota. Jamás me había sentido así. ME dolía la cabeza, el cuerpo y me costaba respirar. Había llorado por casi dos días en lo que prácticamente me obligaban a volver a casa.

Me metieron en un avión, llegamos hasta aquí y me metí en la cama. No sé si había dormido algo o no. Mi cabeza estaba confusa no recordaba muchos de los acontecimientos.

Creo que había visto a Irina antes de encerrarme en el cuarto. ¿O eso había sido antes de irme a Japón?

Sabía no podía estar así… No por mí, por mí acabaría con todo de una vez. Si fuese por mí, me dormía para siempre con tal de no sufrir más dolor.

Pero mis niños… No podía dejar solo a JD y encima ahora iba a nacer mi hija. La última cosa que me quedaba de Luka… Mi esperanza de no olvidar sus ojos, su mirada, su tez… Mi esperanza de seguir adelante.

No podía tocar fondo porque había dos personitas que dependían al cien por cien de mí.

-Kai.- Lo llamé sin ni siquiera mirarle. Leo y él seguían hablando justo a un costado de mi habitación, como si me apeteciese tener visita o algo.

-Cristian- Contestó rápidamente acercándose a mí. -¿Cómo estás?

-¿Necesitas que te revise?- Intervino Leo.

-No Leo, estoy bien gracias.- Le sonreí lo más sinceramente que pude. –Aunque, si me puedes apoyar con alguna pastilla para el dolor.

-Claro, permíteme.- Leo sonrió y se dio la vuelta saliendo de la habitación y dejándonos solos a Kai y a mí. Suspiré, para él también estaba siendo muy duro. Al fin y al cabo Luka era como su hermano.

-¿Cómo te encuentras?- Pregunté estúpidamente.

-Como tú supongo. No vale decir que estoy acostumbrado a perder gente. Él no es cualquiera.

-Era.- corregí.

-Yo…- Se le atragantaron las palabras y apretó los dientes con fuerza.

-No creo que sea malo llorar.- dije de nuevo con mis ojos húmedos. El llorar ya era automático.

-Mierda…- Kai estalló en lágrimas y se tapó la cara sentándose a mi lado. Me erguí de la cama y me quedé con él mientras se desahogaba.

Él también necesitaba llorar. Todos se estaban preocupando por mí y se olvidaban en cierta medida de Kai. Aunque sabía que él lo prefería así. No creo que fuese capaz de llorar enfrente de mucha gente. Seguramente solo delante de Luka, de Rick y de mí.

-¿Qué haremos ahora Kai?- Pregunté frotándole la espalda.

Kai paró de llorar con esfuerzo y respiró hondo, intentando recomponerse.

-No quiero saber nada del consejo. Tú no te preocupes por nada Cris, a ti y a los niños no os faltará de nada nunca. Me aseguraré de ello.

-¿A dónde vamos a ir?

-Venderemos nuestras propiedades y buscaremos una pequeña ciudad en algún país.

-Quiero vivir en España.- Le dije.

-¿En algún sitio?- ME encogí de hombros.

-LA verdad me da igual, el primero que aparezca con una noticia bonita.- Kai sonrió y se frotó los ojos.

-Vamos a estar bien, te lo prometo.

-Todo va a ser muy difícil…- Obviamente él lo sabía. Asintió.

-Pero no estamos solos. Nos tenemos los unos a los otros.

-Ajá…- Tan solo dije sin añadir nada más. No me bastaba, pero tendría que acostumbrarme.

-Todos sabíamos que algo así podía pasar…

-Lo sé.

-Nadie esperaba que a Luka. Muchos amigos han muerto pero a los que considero familia siguen aquí.

-Mataron a mi madre… Y  mi madre biológica… Y ahora al amor de mi vida… Sabía que él no era bueno para mí pero… Amaba levantarme por las mañanas y ver su sonrisa. Que me diese un beso y me picase con la barba de dos días. Que me protegiese eternamente incluso de una mosca. Amaba su forma de ser con nuestro hijo. Y como hacía todo por nosotros… Incluso cuando no estaba de acuerdo y pese a mis miles de quejas, él siempre se mantenía firme en qué era lo mejor.

-Sí… aunque… Siempre fue muy cabezota… Tal vez si… Si nos hubiese hecho caso.- Su voz se quebró y lo escuché de nuevo respirar hondo.

-Lo sé… Igual con ayuda nada de esto hubiese pasado.

-Maldito cabezota.

-Maldito idiota.- Añadí.

-Aun así todos lo amamos.

-Con todo mi corazón… Y hasta que me muera.- Kai me abrazó.

-Ahora tienes que ser fuerte.

-Lo sé… ¿Cuánto tiempo llevo aquí encerrado?

-No llega a cuarenta y ocho horas.

-Pensé había sido una eternidad… Se sintió una eternidad…

-Lo sé. Para mí también.

-¿Sabes algo de mi hijo?

-Está en el cuarto de al lado, con el resto de niños y maría.

-Pobre María, tiene el embarazo demasiado avanzado como para estar con tanto ajetreo. Espero no pase nada.

-Todo saldrá bien, y en tan solo un mes tendrás a tu bebita contigo en tus brazos.

-La última cosa que me quedará de Luka.-Suspiré- Espero… Tenga sus ojos.

-¿Quieres te acompañe a ver a James?- Negué.

-No, tranquilo.- Me acomodé en la cama y me estiré. Bajé mis pies y respiré hondo. Al tocar el suelo mis articulaciones crujieron. Había estado demasiado tiempo ahí tumbado como estrella de mar. Padeciendo mi muerte poco a poco. –Voy yo solo.- Le dije. Le dediqué una pequeña sonrisa y me metí en el baño sin cerrar la puerta. Primero quería ver qué pinta tenía.

Suspiré hondo al verme en el espejo, estaba algo demacrado. Me lavé la cara y peiné como pude mi cabello. Ya me había crecido demasiado. Tendría que cortármelo pronto o empezaría a molestarme en los ojos.

Terminé de arreglar mi aspecto lo mejor que pude y salí, dedicándole una sonrisa lo más sincera que pude a Kai.

-Estoy hecho un desastre.- Dije para quitar hierro al asunto.

-Lo sé… Estaré aquí cuando termines.- Asentí y salí de la habitación.

No quería decirle nada a JD, por lo menos no aún. Tenía que ir al entierro y aún pasar algunos malos momentos antes de poder enfrentarme a él.

Llamé en la habitación de al lado y apreté mis puños.

-Adelanteee.- Se escuchó la voz de Irina cantorreando.

Abrí la puerta y ella se asombró. Ni si quiera la había visto desde que había vuelto.

-Hola…- Dije con algo de pesar. Su sonrisa era sincera pero había mucha pena en ella. Seguramente no sabía que decir.

-¡Papi!- JD se levantó y vino corriendo a abrazarme. Me agaché al instante instintivamente y lo estreché entre mis brazos. –Papi, ¿Dónde estabas? ¿Estás ya bueno?

Aspiré su aroma y quise llorar. De nuevo apreté mi puño clavándome las uñas para intentar aguantar el dolor de mi corazón.

-Si mi amor. Ya estoy mejor, me puse malito.

-¿Y papá?- Esta vez mordí mi labio inferior hasta que sentí el amargo sabor del hierro.

-Ahora no está bebé.

-¿Cuándo vuelve?- Negué con la cabeza.

-JD ven, no molestes a tu padre que está aún cansado. Recuerda que está malito.- Quiso salvarme Irina.

-Si James ven aquí a jugar pequeño.- Añadió María.

-Lo siento papi.- Dijo, después se separó d emí tristemente y se fue hacia el otro lado de la habitación. Respiré hondo. Él estaba sufriendo y lo sabía pero por ahor ano podía hacer más que esto.

-¿Cómo estás?- Preguntó Irina muy bajito.

-Muriéndome en vida. Respondí sinceramente.

-¿Cuándo… es… Cuando…- Se notaba que no quería preguntar, pero sabía exactamente de qué hablaba.

-¿El entierro?- Terminé la frase por ella mirando a los niños, menos mal no entendían esas palabras aunque intentasen escuchar de qué hablábamos.

-Ajá…

-En la tarde de hoy… creo. Como no hay… Bueno, ya sabes… Como no hay cuerpo pues… Tampoco es que haya prisa y… La verdad ni me apetece.

-Entiendo…

-Pero lo haré… Escuché a Leo decir que lo estaba preparando todo.

-Bien… Iremos todos.

-Menos los niños.- Añadí. Aún no quería preguntas.

-Obviamente.

Asentí y me quedé absorto sentado al lado de Irina. Ella no quiso mencionar nada más y tampoco me apetecía volver al cuarto. Estar encerrado hacía que la cabeza me doliese más. Por lo menos así podía ver y recordar qué era lo más importante en mi vida.

El ver a JD era mi única tranquilidad y aliento para seguir adelante.

Irina me echó un brazo por encima en señal de apoyo y se lo agradecí. Cerré ligeramente mis ojos y me apoyé en su hombro como cuando éramos pequeños.

Dejé que el transcurso de las horas pasasen. Ya afrontaría los momentos conforme fueran llegando.

Tan solo me concentre en respirar, olvidad el dolor, relajarme y de vez en cuando abrir mis ojos para poder ver a James cerca de mí.

¿Cuánto tiempo había pasado? Me habían parecido horas pero igual tan solo habían pasado cinco minutos. O tal vez era al revés, realmente igual ya habían pasado horas. Hasta ya habían enterrado simbólicamente a Luka sin mí. Igual no hacía falta que fuese a eso…

-Irina, Cris- Escuché a Kai llamándonos.

-¿Ya?- Dije aún en mi ensoñación.

-Los coches están esperándoos.- Quité mi cabeza del hombro de Irina y ella puso su mano sobre mí. Ambos nos levantamos y se pegó a mi cuerpo, enganchándose en mi brazo para caminar.

Crucé los pasillos sin mirar a nadie. Sé que las miradas estaban dirigidas en su mayoría a mí y por eso no quería ver a nadie.

-Cris.- Al otro lado de mí apareció Rick que me tocó ligeramente el hombro y comenzó a  caminar junto a mí e Irina.

-¿Cómo te encuentras?- Le pregunté. Pensé seguiría en cama enfermo.

-Sigo algo mal, pero no iba a dejarte solo ahora.

-Gracias.- Realmente lo agradecí, prefería tenerlos a los dos conmigo.

Entramos los tres en la parte trasera del coche de Kai. Entrar en un coche me erizó los pelos. No creo que volviese a confiar en uno jamás.

Kai se subió al volante y Leo de copiloto. Arrancó y salimos de los terrenos de la casa. ¿Dónde lo enterraríamos? Pensé lo haríamos en Japón. ME había extrañado mucho que nos viniésemos hasta nuestra casa cuando el clan lo querría tener en su propio cementerio. Aunque al fin y al cabo, al haberse quemado entero y no quedar nada no es como que su cuerpo nos lo estuviésemos trayendo.

Dios… ¿Cómo podía si quiera pensar en esas cosas? Sentí ganas de vomitar y emití un pequeño sonido molesto.

-¿Estás bien?- Preguntaron todos al unísono.

-Bien… Sí. Creo no como desde hace tiempo y por eso me mareé algo.- Mentí, en parte.

-Después tendrás que comer. Ya sabes cómos e ponía Luka si no comías.

-Tendré que hacerlo por él…- Susurré.

-Más bien hazlo por ti y tus hijos.- Dijo Leo. Y tenía toda la razón, pero me era más fácil hacerlo por Luka y los niños que por mí mismo.

Cuando llegamos al cementerio, la poca gente que queríamos que viniese ya nos estaban esperando.

Fue una ceremonia rápida gracias a Dios. Dolorosa pero rápida. No quise mirar cuando metieron ese ferreteo, aunque estuviese vacío, dentro de ese agujero.

La verdad ese clima, la gente, el negro… Sólo me oprimían el estómago y me asfixiaban.

Cuando volví a subir en el coche, ya se había hecho de noche. Volvimos a la casa en pleno silencio. No pude aguantar las lágrimas que a duras penas había aguantado todo el proceso anterior y comencé a llorar en silencio.

Nadie dijo nada, tan sólo recibí los brazos de Rick e Irina como apoyo sobre mi espalda. No quería llorar pero tenía que desahogarme. ¿Cómo era posible que aún me quedasen lágrimas?

Llegamos a la casa y salí de nuevo en silencio del coche, nadie vino por mí. Me dejaron que tranquilamente subiese a mi habitación. Quise ir a ver a mi bebé, pero no tenía más fuerzas para ello. Preferí dejarme caer en mi cama y dejar que la noche pasase. Mañana sería otro día y tendría que empezar a dedicarme a él. Ver dónde íbamos a quedarnos, qué íbamos a hacer, dónde iba a preparar la habitación de mi hija, el parto de María, dónde quería vivir, Todo.

Cerré mi habitación sin poner el seguro, no quería se pensasen cosas raras. Después me acerqué a mi cama y me dejé caer con un suspiro boca abajo.

-Amor…

Abrí los ojos de par en par y di un salto en la cama echándome hacia atrás.

-Ssshh.- Unas manos taparon mi boca y pateleé nervioso.

-Tranquilo, tranquilo.- Escuché la voz d eLuka y me centré para verlo en la obscuridad.

La luz de la mesita de noche se encendió y pude ver su cara, me miraba con una sonrisa triste y seguía tapándome la boca, ahora ya sin ejercer presión.

Me atraganté con mis palabras y quedé en shock. ¿Qué diablos estaba pasando?

-Te amo, te amo.- ME abrazó con fuerza y rompí a llorar.

-¡Idiota!- Chillé, él volvió a taparme la boca mientras con el otro brazo me apretaba con fuerza.

-Ssshh.

-Te odio… Te odio.- Intenté golpear su cuerpo. Sentía rabia. ME había hecho pasar el peor momento de mi vida de una forma cruel. Realmente sentía odio, aunque también amor y mucha alegría. Tan confuso estaba que no sabía si quería matarlo, besarlo o salir corriendo.

-¿Por qué por qué?- Pregunté, aunque dudo que s eme entendiese, aún lloraba y su mano permanecía en mi boca.

-Ssssh amor, lo siento.- Por fin soltó mi boca. ME abrazó y comenzó a acariciar mi cabello para calmarme. –Tuve que hacerlo… Era mi única manera de escapar… De escapar de verdad y para siempre…

-Te he enterrado…- Murmuré. –Mi corazón se rompió.

-Yo puedo pegarlo de nuevo.

-No entiendo…

-Te explicaré todo te lo prometo.

-Dios… Luka…- Volví a llorar y a abrazarlo. Esta vez más consciente de la situación. -¿De verdad eres tú? ¿Estás vivo? Dios… Besé sus labios con miedo a que desapareciese, con pequeños picos alrededor de su cara. –No me dejes por favor. No me dejes despertar de este sueño.

-No estás soñando, estoy contigo.- negué…

-¿Soy el único que pensaba que estabas muerto?

-Eres el único que sabe que estoy vivo.

-¿Kai? ¿Leo?- Negó. -¿No vas a decirles?

-Sí, pero primero tenía que verte aquí ME arriesgo viniendo. Nadie más debe saber que estoy vivo. De hecho, esta debe ser la última vez que los veamos.

-¿Qué?

-Si quieres que tengamos una vida normal con nuestros hijos, es lo que debemos hacer. No digo no verlos nunca más… Pero por un tiempo y además, debemos vivir en ciudades diferentes.

-¿De verdad no te vas a ir?- Pregunté grabando cada detalle de su cara.

-No amor, esta vez estoy para siempre contigo. Se acabó el consejo, la mafia, los yakuzas, el clan. Todos. Por eso debía fingir mi muerte.

-Dios…- Mis manos aún temblaban.

-¿Me haces un favor?- Lo miré esperando que continuase hablando. –Ve a por Kai y Leo, no digas el por qué.- Asentí. Dios… Kai se iba aponer muy feliz al verlo.

ME levanté de la cama de un brinco y fui hacia la puerta, volví a mirar a Luka antes de abrir, asegurándome que de verdad seguía ahí. Él me sonrió de vuelta y mi corazón dio un vuelco. Vaya, al parecer ya había vuelto a funcionar.

Respiré hondo y salí del cuarto aguantando mis ganas de querer gritárselo al mundo…


 

Este capítulo lo tenía pensado desde el primer libro, siempre quise escribirlo antes o después, está basado (O inspirado) en mi historia de amor favorita (Sara y Lucas de LHDP) Ahora se me antojó verla de nuevo jejejeje

Espero hayáis disfrutado. ¿ME dejáis un comentario? ¿Sugerencias?

Capítulos para acabar libro y saga: 2 

LOVE LOVE

 

YUMIYU

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5 respuestas a “CAPÍTULO 26. NO QUIERO VER A NADIE

  1. Ohhhhhh no me aguante las ganas de saber wue pasaba y decidí venir por estos lares ajajjajajja gracias.. Me alegraste el año con este capítulo 😘😘😘😘😘😘

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  2. Sorry pero no me gustó el giro que dió la historia, me hubiera gustado más que Cristian se hubiera sacrificado por su familia y se hubiera ido con Lao y luego un apasionante rescate con la muerte perfecta del malvado extremo, Lao, y de ahí la muerte fingida de Luka

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